viernes, 23 de diciembre de 2011

DEBATE "HACIA LA HUELGA GENERAL"

Aquí tenéis el video del debate sobre la situación laboral, realizado en el marco de la campaña de movilizaciones "Hacia la Huelga General" puesta en marcha por CNT, CGT y la Soli.

Habla la presidenta (poemas).

A UNA PRESENCIA.

Tu presencia aquí
devuelve a la multitud
el timbre de una voz
generosa.
Tu presencia
engalana los balcones,
colectiviza las sonrisas,
corta el tráfico
incandescente.
Tu presencia,
tu mirada,
tus ojos de fiesta,
tus labios de pulpa.
Tu presencia
en mi retina,
entre las banderas alegres
y el sudor de las gentes.
Tu presencia:
para siempre

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martes, 6 de diciembre de 2011

POR LA MOVILIZACION DEL TRABAJO.

 

            POR LA MOVILIZACION DEL TRABAJO.


            En las últimas décadas distintas modificaciones legales han ido arrinconando a la clase trabajadora y haciéndola perder su poder social. Ese proceso se ha acelerado hasta lo insoportable en el último año  La tan traída y llevada flexibilidad (aún en su forma maquillada: la flexiseguridad) no ha hecho otra cosa que debilitar y precarizar a los sectores más numerosos de la clase trabajadora. Al fin y al cabo, no se trata de otra cosa que de arrumbar la posición del trabajador en el centro de trabajo, haciéndole someterse a todas las órdenes del empleador, sean cuales sean. De hecho los números cantan, hasta el extremo de que la brecha entre pobres y ricos en nuestra sociedad se ha disparado al nivel más alto de los últimos 30 años. Así, la renta media del 10 % más rico del país multiplica  en 11,9 veces la del 10 % más pobre, y el índice de Gini  (construcción estadística que mide la desigualdad) del Estado Español es superior al de Polonia, Grecia o Estonia.

            La contratación temporal (que sigue siendo la que más se realiza cada año), el trabajo a tiempo parcial manipulado para convertirlo en “trabajo a la carta”, la contratación indefinida con derechos recortados (el llamado “contrato de fomento”), las Empresas de Trabajo Temporal y las agencias privadas de colocación, la subcontratación, el despido prácticamente libre y pobremente indemnizado, la legalización y la tolerancia con las “zonas grises” con las que los empresarios consiguen lisa y llanamente huir del cumplimiento de los derechos laborales (falsos autónomos, becarios, migrantes…); todo ello ha servido para hacer que la precariedad campara a sus anchas en el mercado de trabajo español. La época del trabajador con contrato fijo y con derechos ha llegado a su fin. Eso sólo lo ven unos cuantos, a los que se ataca llamándoles “privilegiados” porque mantienen, en la cuerda floja, algunos derechos que deberíamos tener todos. Un mal ejemplo, dicen los medios de comunicación pagados por los patrones.

La realidad laboral para la mayoría de la población es la de una relación siempre débil con el puesto de trabajo, ante la espada de Damocles del despido facilitado; la de la rotación acelerada de períodos de trabajo y paro; la de la ausencia de todo derecho laboral; la de interminables jornadas y falta de seguridad e higiene; o la del desempleo puro y duro, utilizado por el empresariado para imposibilitar toda reivindicación del elemento asalariado.

La reforma laboral ha sancionado y profundizado este escenario. La reforma de la negociación colectiva pretende llevarlo aún más lejos al impedir todo contrapoder sindical en el ámbito laboral y al intentar enfrentar a unos trabajadores contra otros (esa es, al fin y al cabo, la finalidad de que los convenios se negocien en la empresa y no en el sector). La reforma de las pensiones promete a los jóvenes, después de una vida de precariedad y trabajo sin derechos, una ancianidad con míseras prestaciones

Y la dinámica de agresiones a la posición de la clase trabajadora no cesa: las llamadas “zonas grises” se han agrandado recientemente con la legalización de la posibilidad de realizar contratos de  prácticas “no laborales” al amparo del Servicio Público de Empleo, con una retribución del 80 % del IPREM (Indicador Público de Renta de Efectos Múltiples, un índice que aprueba cada año el Gobierno), es decir, en la actualidad 426 euros, para titulados de FP o Universidad con una experiencia laboral menor de tres meses, y que tengan entre 18 y 25 años. La duración de estas “becas”  será de 3 a 9 meses, y en ellas no se cotizará al desempleo.

Esta forma de contratación “no laboral” (como reitera la norma legal, como si por repetir el sinsentido pudiera eliminarse las condiciones de ajeneidad y dependencia en que se va a producir la prestación y, por tanto, su condición claramente asalariada), se combina con la eliminación “temporal” del límite de edad para la realización de los contratos para la Formación y el Aprendizaje, y con los globos sonda destinados a favorecer la puesta en marcha de la llamada Formación Profesional dual en el sistema educativo: un modelo de FP basado en la realización de prácticas continuas en los puestos de trabajo –entre 3 y 4 días a la semana- que, además de poner en peligro múltiples puestos docentes, podemos con gran probabilidad adelantar que en nada se parecerá al llamado “modelo alemán de FP” que supuestamente se quiere imitar (en el que las prácticas son pagadas y bajo un cierto control sindical). Se trata, en realidad, de “matar dos pájaros de un tiro”, consiguiendo que los jóvenes estén formalmente “ocupados” en condiciones de precariedad absoluta, pero produciendo a las órdenes del Capital, y al tiempo multiplicar el número de titulados, renunciado a toda exigencia de control público, homogeneidad y calidad de la formación.

Y las próximas reformas del nuevo gobierno, en cumplimiento de las órdenes de los financieros que crearon la crisis y ahora pretenden que la paguemos, navegarán en la misma dirección. La CEOE ya ha planteado sus reivindicaciones (porque ahora los únicos que reivindican algo, en ese contexto, son los empresarios), y los sindicatos mayoritarios parecen dispuestos a llegar a un acuerdo. Se habla de eliminar la indexación de los conceptos salariales de los convenios al IPC y ligarlos a la productividad (pero no se dice ni se discute como calcular dicha productividad, lo que nos lleva a pensar que, básicamente, lo que se pretende es que cada empresario pague lo que le de la gana a quien le de la gana, rompiendo las tablas salariales de los convenios); se intenta la aprobación de un tipo de contrato único con indemnización por despido y condiciones laborales crecientes con la antigüedad (es decir, un contrato temporal extensible por deseo empresarial, y sin necesidad de causa alguna); de regular el derecho de huelga (dado que la regulación actual, aprobada en los estertores de la dictadura franquista es “demasiado permisiva”); de flexibilizar el trabajo a tiempo parcial y facilitar los convenios de empresa (es difícil determinar como, ya que eso ya lo ha hecho la última reforma, y hasta parte de los empresarios lo rechaza, considerando que puede favorecer el “dumping”, dinamitando los mercados); así como las medidas de flexibilidad interna y  el descuelgue de las condiciones pactadas en la negociación colectiva (de nuevo, esto ya lo hicieron en las reformas anteriores y es difícil que nunca lleguen a estar contentos en este aspecto, pues siempre será más fácil practicar el “despido exprés, y más si se minoran las indemnizaciones por despido improcedente).

La lista de exigencias que componen el “Cuaderno de Quejas” empresarial es interminable y comporta una transformación social radical y revolucionaria. Piensan que la crisis es una oportunidad de obtener sus objetivos máximos y, espoleados por las cantidades sin fin que han de extraerse a nuestra sociedad para pagar las deudas del festín especulador de las entidades financieras, que alcanzan al menos los 800.000 millones de euros (de los cuales 715.000 millones consisten en la deuda privada, que en breve será convertida en pública por mecanismos como el del “banco malo” del que habla Rajoy) pretenden iniciar el camino para mutar nuestra sociedad a la imagen y semejanza de un modelo que comporta la eliminación de todo mecanismo democrático y el acaparamiento de toda la riqueza social por una minoría compuesta de grandes financieros, oligarcas rentistas y agentes del gran Capital transnacional.

La clase trabajadora, en el marco de ese programa, será condenada a la pobreza y la precariedad, y gran parte de la clase media será proletarizada a marchas forzadas, piensen lo que piensen al respecto muchos de sus miembros, que creen que el actual régimen de acumulación aún puede regalarles algo y no se dan cuenta de la dimensión de la transformación en curso.

Pero ya es suficiente. Es la hora de una respuesta contundente.

No podemos ceder más. Estamos transitando el camino a un empobrecimiento generalizado y fatal. Aunque hay motivos para una esperanza necesaria.  Las resistencias a las amargas recetas que pretenden imponernos empiezan a aparecer por todos lados: desde las costas de Túnez o Egipto a las calles griegas o las plazas de nuestro país. La resistencia es un hecho. Difusa, débil, titubeante, como todo ser que acaba de nacer. Expandiéndose desde un Mediterráneo cuyos pobladores más conscientes (y demasiadas veces minoritarios) siempre reivindicaron las ideas de la democracia (es mentira, no la inventó Ronald Reagan), de la libertad del individuo y de la vida colectiva cooperante, efusiva y libertaria. Alcanzando a todos los rincones de un mundo que amenaza con entrar en ebullición. Diseminándose con fragmentos de códigos cambiantes y plurales, pero que remiten siempre a la misma idea: la cooperación es la alternativa al mando, tenemos el derecho a decidir, somos el 99 %.

Por ello, en este contexto, luchar por defender los derechos del Trabajo y acabar con la precariedad, devolver la dignidad a la clase trabajadora y negarse a pagar una deuda que otros han contraído, es la única apuesta que puede inaugurar un futuro mejor para todos nosotros.

José Luis Carretero Miramar.







lunes, 31 de octubre de 2011

Crisis: resistencia y alternativas.

CRISIS: RESISTENCIA Y ALTERNATIVAS. ESBOZO DE UNA SOLUCIÓN.
(El presente texto está basado en la charla impartida el día 6 de septiembre en la caseta alternativa de las Fiestas de Alcorcón)
1.- LA CRISIS.
Que vivimos una enorme crisis civilizatoria es algo que ya nadie puede cuestionar. La gigantesca burbuja construida entorno al mercado inmobiliario se ha pinchado destruyendo todo en su implosión. El vacío en los balances del Gran Capital, que había apostado por la especulación y el crédito al ver obturado el crecimiento en la rentabilidad de las actividades productivas por el ensanchamiento de la contradicción básica entre el desarrollo de la capacidad y la limitación del consumo en una sociedad de clases, se ha intentado colmar con el empobrecimiento acelerado de las poblaciones.
Un empobrecimiento que toma la forma de unos planes de ajuste estructural enormemente regresivos que, a la imagen de los implementados en América Latina en los años 90, provocan una mayor contracción económica y una nueva bajada del consumo interno, impidiendo toda recuperación, pero posibilitando que la riqueza extraída sea utilizada para maquillar la “contabilidad creativa” de las entidades financieras.
Planes de ajuste que, en nuestro país, se han conformado como el sumatorio de toda una serie de medidas de una agresividad extrema contra la clase trabajadora: la reforma laboral más radical de las últimas décadas; una reforma de las pensiones que promete la miseria en la ancianidad para las generaciones más jóvenes; una reforma de la negociación colectiva que ha traspasado numerosas líneas rojas que, en lo referente a su encaje constitucional se suponían existentes; una reforma de la Carta Magna (considerada la intocable clave de bóveda del régimen nacido en la Transición) para blindar los intereses de los acreedores de la deuda externa española y la política de ajustes; y, además, todo un conjunto de modificaciones legislativas menores que, desde la reducción del salario de los funcionarios a la privatización de empresas públicas, están generando una quiebra sin precedentes de nuestro modelo social y la desaparición de nuestro, nunca desarrollado del todo, Estado del Bienestar.
Pero, cuando el fragor de esta batalla es cada vez más audible, pese al silencio más que cómplice de los medios de comunicación de masas, se nos plantea una pregunta: ¿qué podemos hacer? Y, sobre todo: ¿qué es lo que queremos en lugar de toda esta zarabanda de nuevos sufrimientos y esta promesa de degradación de nuestra sociedad?
2.- LA RESISTENCIA.
Para construir una alternativa a todo este desbarajuste, para organizar la resistencia a este Gran Saqueo, a este proceso de acumulación primitiva del próximo modo de producción social que se nos impone, debemos tener en cuenta que nos encontramos ante ciertas exigencias de la realidad, ante necesidades históricas insoslayables.
- Hemos de conseguir la unidad. Donde existían grupúsculos dispersos y capillitas y sectas en tensión cainita, debemos reconstruir los lazos y las redes, la “sociabilidad densa” y el trabajo en común, la confianza y el apoyo mutuo. La unidad de acción debe de asentarse sobre la tolerancia y el respeto, no sobre la imposición de una cualquiera de las tesis en conflicto. La unidad debe de expresarse en lo organizativo tanto como en lo cultural, en las palabras y los hechos, en la articulación de un discurso plural que parta de la existencia de una situación de urgencia y de un enemigo común, pero también de un acervo compartido de tradiciones y de prácticas.
-Hay que levantar una Gran Alianza de una dimensión nueva y ambiciosa que una a todos los sectores atacados por la furia neoliberal: la clase trabajadora (por supuesto), tanto fija como precaria; las “zonas grises” del mercado laboral (pequeños autónomos, becarios, migrantes, etc.); así como todos los sectores de la clase media empresarial y profesional que van a ser dinamitados y proletarizados por la crisis y por los planes de ajuste introducidos.
Debemos hacer conscientes a todos los sectores de que tienen que encarar, con toda urgencia, a un enemigo común: el Gran Capital transnacional y sus servidores domésticos, que han usurpado la soberanía nacional para empobrecerles.
Pero además (y debemos decirlo) una cosa ha de estar también clara (y le interesa a todos sectores, aunque ellos mismos no lo crean, como iremos explicando a lo largo del texto): la hegemonía dentro de esa Alianza ha de pertenecer a la clase trabajadora. Vayamos matizando cosas. Decimos “hegemonía”, no “dictadura”. Cada cual ha de tener plena libertad para defender y explicar sus posiciones y todas las propuestas deben ser escuchadas y valoradas. Y, además, si hablamos de la “clase trabajadora” no nos referimos a ninguna supuesta “vanguardia”, más o menos autoproclamada, sino al conjunto de sus integrantes: las asambleas populares están para eso. Lo que queremos decir es que no sólo es justo que la mayoría social pueda hacerse escuchar por primera vez, sino que, además, sin el compromiso directo de dicha mayoría cualquier intento de cambio es un espejismo. Ya hablaremos de ciertas ilusiones socialdemócratas sobre la “racionalidad” del poder. Además, hay que indicar que la clase media sola no puede sobrevivir a lo que viene, ni siquiera mediante un ilusorio “fascismo paternalista de los tenderos” que se ha vuelto imposible ante la integración transnacional de los mercados operada en las últimas décadas. Ya sólo cabe el fascismo global de los Fondos de Inversión y las grandes corporaciones. No hay un “Duce” del “pequeño propietario” esperándonos tras la esquina. La próxima desilusión será Rajoy. Él sabe bien quien le manda.
-Además, la situación impone poner en cuestión el régimen presente. No sólo el régimen de acumulación neoliberal, sino también el régimen político nacido con la Transición. Ellos mismos han marcado el territorio del enfrentamiento al dar rango constitucional a la exacción de la deuda. El keynesianismo (no hablemos del socialismo) ha sido declarado inconstitucional. Ya no tiene sentido discutir alternativas inexistentes (el uso de la Constitución para trascenderla) que han sido el inofensivo juguete conceptual de la izquierda parlamentaria desde hace tiempo. Se impone, con toda crudeza, la apertura de un nuevo proceso constituyente. Una modificación radical de las reglas del juego político que barra con la “partitocracia” ligada al sistema y abra nuevos espacios para la democracia en su sentido más profundo: democracia directa, régimen de asambleas, participación ciudadana, régimen de garantías y no de dictadura de una supuesta mayoría muda construida con el uso y el abuso de la financiación de los lobbyies y el apoyo de los medios de comunicación ligados a las transnacionales.
Y si se nos pide mayor concreción sobre como salir de esta crisis infernal, también podemos plantear medidas de absoluta urgencia que deberían de ser implementadas.
3-¿UN PROGRAMA?
Cuando hablamos de las medidas que se imponen en la actualidad para ser defendidas por la Alianza Social de la Mayoría debemos, como hizo en su día el Instituto de Ciencias Económicas y de la Autogestión (ICEA, www.iceautogestion.org) en sus documentos al inicio de la crisis, subdividirlas en tres grandes apartados:
-Medidas reformistas. Se trata de medidas claramente keynesianas que buscan una reactivación del crecimiento mediante un estímulo público basado en un sistema fiscal operativo y en la regulación de los mercados entregados al caos del más fuerte por las doctrinas neoliberales: hablamos de aumentos del salario mínimo y del empleo público; regulación de los paraísos fiscales; tasación de las transacciones financieras internacionales; recuperación de un sistema de impuestos basado en el principio de que pague más el que más tiene; conformación de una banca pública y reversión de los procesos de privatización, auditoría y repudio de la deuda ilegítima y odiosa…”Nada terrible”, dirán los más aposentados catedráticos socialdemócratas: “la realidad lo exige. El propio sistema acabará por implementar este programa”.
Ahí es donde se equivocan. Que la realidad lo exija no quiere decir que lo imponga. Para eso está la lucha de clases. Ese extraño motor de la Historia que todos creían gripado o en poder de uno solo de los contendientes. El sistema no es “racional”. Sino, no habríamos llegado hasta aquí. Todo está demasiado imbricado con todo para que los grandes financieros se levanten un día keynesianos y nos devuelvan al sopor del consumo por pura “racionalidad”. Tendremos que levantarnos. La lucha social es el demiurgo imprescindible de la Historia. Sólo si la exigencia se convierte en energía, si la razón se vuelve también fuerza, los cambios son posibles. Y eso nos devuelve al problema de la hegemonía: sólo si la clase trabajadora en su conjunto entra en la lid con decisión, esto puede tener algún tipo de solución “racional” (al fin y al cabo, hablamos de lo que es “racional” para los intereses de la mayoría., que el sistema degenere o colapse es tan “racional” en abstracto como cualquier otra cosa. Todos los sistemas lo hacen.) Y, para intervenir, la clase trabajadora tendrá sus propias exigencias. Eso nos lleva al siguiente arco de medidas.
-Medidas progresistas. Estamos hablando de medidas que expresen esa hegemonía proletaria en el cuerpo social, aunque no constituyan una sociedad sin clases: eliminación de las ETTs y la subcontratación, potenciación de las asambleas populares y los mecanismos de cogestión empresarial, recuperación autogestionaria de las empresas en crisis, fomento del emprendimiento social y cooperativo, control de las asambleas populares sobre los servicios públicos locales de un Estado del Bienestar “socializado”, inicio, en definitiva, de la construcción de otra economía por fuera del capitalismo.
Se trata de la conformación de un régimen de tintes populares y sociales, del estilo de ciertos países latinoamericanos, al despertar tras la noche de ajustes de los 90. Aunque, en virtud de nuestras características propias, con una comprensión mucho más profunda y extendida del espacio de la democracia directa. ¿Un “capitalismo progresista” en transición al “socialismo 3.0”? Quizás. Y ese es, precisamente, su problema. Lo que nos lleva al siguiente conjunto de medidas.
-Medidas transformadoras. No nos engañamos. El proceso antedicho (pues se trata de un proceso: con sus vaivenes, con sus avances y retrocesos, con sus indefiniciones, con sus contradicciones) no nos dará nada más que tiempo. Eso sí, un tiempo precioso. La crisis del capitalismo que encaramos no es puntual. Todos los sistemas tienen un final y todo apunta a que el colapso se acerca a pasos agigantados. El keynesianismo sólo nos salvará una temporada (es, incluso, dudoso que pueda hacerlo). Justo lo que tarde en enfrentarse con los límites ecológicos de un planeta devastado por la rapiña neoliberal. Se impone el fin del crecimiento sin fin. Y con él, el fin del capitalismo como modo de producción de la Humanidad.
Habrá que asumir el decrecimiento que viene y una nueva relación con el medio natural, con todas sus consecuencias en aspectos como el urbanismo, la alimentación, el transporte, etc. Y para que eso no se convierta en un colapso ni en una brutal amenaza para el conjunto de la especie, habrá que generar mecanismos de democracia directa operativos y justos que permitan seleccionar las modalidades e intensidades del decrecimiento desde la perspectiva de las necesidades sociales afectadas. Se trata de una democracia amplia, real y directa, no sólo en lo político sino también en lo económico, donde los experimentos de autogestión, soberanía alimentaria y desarrollo local, han de convertirse en el pivote de la nueva sociedad.
No se trata de una socialización forzada, ni siquiera estamos hablando, probablemente, del fin de la propiedad privada. Sí, quizás, del final del trabajo asalariado, sustituido por la cooperación de los productores libres (asociados o no) sobre un cuerpo natural en equilibrio y con un acervo de saberes ampliamente compartido. Un espacio del procomún que, respetando a los sectores que (como la propiedad familiar campesina, el trabajo autónomo o el pequeño emprendimiento) quieran subsistir por sus propias fuerzas, impida la explotación y la lucha feroz y sin salida por unos recursos esquilmados en los siglos devastadores del capitalismo.
Quizás lo veamos. Quizás no. Nada está escrito en las estrellas. Quizás, como Corto Maltés, el personaje de cómic de Hugo Pratt, debamos rasgarnos la mano para poder decir un día: “Mi fortuna me la hecho yo”.
José Luis Carretero Miramar.

¿QUIEN DEFIENDE LA PÚBLICA?

¿QUIEN DEFIENDE LA PÚBLICA?

            La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, se nos ha descolgado con unas tremendas declaraciones: los profesores en huelga son (dice ella) los que realmente están atacando y poniendo en peligro la educación pública en la región. Maneras de ver las cosas. Maneras de vivir. Veamos:

            Si entendemos la educación pública como lo hacen los políticos y financieros que mecen la cuna de esta crisis civilizatoria que, lo queramos o no, estamos viviendo, lo cierto es que tiene razón. Si entendemos los servicios públicos estatales como un nuevo yacimiento de plusvalor que extraer y que repartir entre amigos y socios, no hay duda de que alguien impide tan ingrata y (habría que suponerlo) necesaria labor: los trabajadores de la pública.

            Si entendemos que los profesores deberían elegirse a dedo y sin oposición, por ejemplo (tal y como está ocurriendo con los que la Fundación “Empieza por Educar” envía a determinados IES como el IES Villarejo), y que deberíamos convertir en dinero el derecho fundamental a la educación, así expoliado para pitanza de los menos (como el grupo Santander, al que pertenece la Fundación antedicha), que maestros y profesores se movilicen para defender sus puestos de trabajo y sus condiciones de vida no es más que un sacrilegio contra los sagrados altares de la socialización de los costes y la privatización del beneficio.

            Pero no olvidemos que el derecho a la educación, si ha de alcanzar a todos los ciudadanos sin exclusiones por razón de clase, raza o género; si ha de ser un pilar fundamental de una sociedad de la cooperación y el respeto a la diferencia; de la garantía de los derechos y la generalización del saber; sólo tiene unos defensores: quienes, en las calles y plazas, en los patios de los IES, sean padres, madres, alumnos o docentes, defienden (esos, sí, de verdad) lo público frente al gran saqueo neoliberal.

            Y esos defensores han de ser conscientes de una cosa: no están solos ni son los únicos atacados en esta carrera cleptocrática hacia el abismo del capitalismo financiero y especulador. La Sanidad, el agua, las formas de vida ligadas al trabajo, el conocimiento común, todo está al borde ser sernos arrancado por unos planes de ajuste que sólo benefician a aquellos que a los que les dimos nuestro dinero para que no se hundieran casi gratis, y ahora lo están usando para reducirnos a la servidumbre en base a lo que togas las religiones y cosmovisiones han condenado siempre con el nombre de usura.

            Las luchas deben confluir. Debemos levantar una gran alianza social contra los ajustes y la precariedad. Debemos defender lo público y las formas de vida ligadas al trabajo y a la socialización del conocimiento, al cuidado y a la reproducción de la vida. Y debemos hacerlo unidos pero democráticamente: sin dirigentes autonombrados que pretendan vivir de nuestro esfuerzo, sin politiqueros que nos empujen a las vías muertas de la pasividad y la delegación. La organización asamblearia es una necesidad del día.

            Tengámoslo presente: nuestra acción es la única partera del futuro. Hoy, ahora, no podemos elegir no elegir.


            José Luis Carretero Miramar.

SOY PROFESOR DE SECUNDARIA

Yo soy profesor de Secundaria, y además de la pública, y no siento decirlo. De hecho, estoy orgulloso. Por cierto, también lo estaría, y por las mismas razones, si fuera maestro de Primaria o de Infantil.   Aunque los medios de comunicación digan que no trabajamos, “como todos los funcionarios”, aunque nuestra alegre consejera piense que, para lo que hacemos, podríamos realizarlo en cualquier tipo de estructura física u organizativa. Pese a que el neoliberalismo brutal en el poder haya cargado contra nuestra profesión, nuestras condiciones de trabajo y nuestros medios de vida. Pese a las privatizaciones, más o menos encubiertas, la acumulación por desposesión, la masificación de las aulas, la “indisciplina” de los chavales, la obsolescencia de las directrices pedagógicas de Ministerio y Consejerías.
Pese a todo ello: soy profesor de Secundaria, y estoy orgulloso.
Y les diré por qué:
Porque pese a todas las dudas y las dificultades, a todas las limitaciones, a la degradación en que las consejerías han hecho sumergirse a la escuela pública; pese a las tentativas de privatización; a los miles de despidos de estos dos últimos años (pues eso es, en definitiva, no volver a llamar a un interino); pese a todo ello: nosotros si hacemos un trabajo útil para la sociedad. Extendemos el conocimiento más allá de los cenáculos del poder y la riqueza (justo lo que no quieren ni el poder ni la riqueza), enseñamos y aprendemos en común con las generaciones más jóvenes, colaboramos en el desarrollo de las potencialidades y la creatividad de las personas que nos rodean. Ciertamente, no todas las “profesiones” sufragadas con el erario público pueden decir lo mismo (y no me estoy refiriendo a los funcionarios de carrera, precisamente).
Hay quien sólo miente y engaña para vivir, y vive mucho mejor que nosotros. Nosotros, compartimos el conocimiento pese a la sociedad de clases, pese a las diferencias de nacimiento y de riqueza, pese a la feroz oleada de desposesión del capitalismo.
Es difícil trabajar en las aulas. Y más si hay que hacerlo sin los medios ni la organización adecuada. Hay quien quiere convertir la enseñanza en un ámbito degradado y en decadencia para poder hacer negocio privado con los derechos ciudadanos. Hay quien quiere convertir las escuelas en simples aparcaderos de parados, en lugares sin identidad donde se hacinen las nuevas generaciones, convenientemente sometidas al asalto televisivo, al impacto de una cultura de consumo que sólo pretende embrutecerlas para que las diferencias de clase puedan volver a ser cada vez más diáfanas.
Pero nosotros y nosotras nos vamos a oponer a todo eso. No sólo porque tenemos todo el derecho a luchar contra la degradación de nuestras condiciones de vida como cualquier otro trabajador. Sino porque, además, nuestra labor se desarrolla en un ámbito esencial para la convivencia ciudadana, para la conformación de una sociedad realmente democrática donde el conocimiento sea compartido, y no el privilegio de unos pocos.
Por todo eso: soy profesor de Secundaria, y resulta que estoy orgulloso.
Y aún diré más: lo cierto es que soy profesor de Formación Profesional.
José Luis Carretero Miramar

CONFESIONES DE UN ESTATÓLATRA

Es curioso. Un día me levanté estatólatra. Me tomé un café, me di una ducha, abrí el libro que había comprado el día anterior en la librería La Malatesta, y me descubrí: había un capítulo entero dedicado a mi librito “El bienestar malherido” (accesible en www.solidaridadobrera.org, en el apartado de “Campañas”), concretamente un capítulo titulado “Nuevos errores” (el título ya lo dice todo). El libro era “El giro estatolátrico”, de Félix Rodrigo Mora.  No voy a discutir aquí todo lo que se dice en ese capítulo. Quizás lo haga en otra ocasión. Tampoco voy a contar historias personales que no vienen al caso. Sólo voy, como buen “estatólatra”, pero “con tronío”, a divagar entorno a un par de cosas que me llamaron la atención.

En primer lugar, Félix mantiene (y se lo he oído en otros sitios) que el Estado del Bienestar es producto del fascismo y que las luchas sociales no tienen nada que ver con su instauración. Es como decir que las vacaciones pagadas o los aumentos salariales son un producto de la patronal, y que las huelgas y el sindicalismo no tienen nada que ver con su génesis. Admitámoslo, a los puros efectos dialécticos, aunque sea mucho admitir. Lo que no me queda claro, entonces, es ¿para qué diablos luchó toda esa gente?, ¿qué obtuvo? Miles de personas asesinadas, torturadas, exiliadas, millones de toneladas de sangre derramada…no consiguieron ningún tipo de mejora. Llegó el fascismo y ¡zas!, los engañó a todos. La historia del movimiento obrero, así, parece simple y llanamente un gigantesco error, una mascarada, casi una conspiración de toda esa hidra “liberal” tan increíblemente lista, que lleva siglos mandando sin oposición. Hasta ahora, por supuesto, que ya contamos con los libros de Félix. 

Luego, sinceramente, me parece que Félix, en lo práctico, no se termina de aclarar: nos dice que si “se suprimiera el Sistema Nacional de Salud (…) existiría una alta probabilidad de que se creasen servicios autogestionados de salud”, pero en otra parte del libro anima a luchar contra el copago y las privatizaciones, lo que es ampliamente contradictorio con el espíritu del conjunto del texto ¿En qué quedamos? Más bien parece que, ante lo endeble de la tesis principal, se incluye alguna que otra frase puntual que permita defender que no se está diciendo aquello que es corolario lógico de todo lo que se dice.

Porque, claro, si derribando el SNS la autogestión campará a sus anchas, se extenderá y cubrirá a toda la población proletaria (¡uy, perdón por el palabro “proletaria”, debe de ser un deje del pútrido “obrerismo”, casi tan malo como la “estatolatría”!), así, sin esfuerzo ninguno, y sin que millones de personas sufran en sus carnes el quedarse ayunos de toda asistencia sanitaria, y se vean abocados a la enfermedad, el dolor y la muerte;  deberíamos apoyar las privatizaciones, ¿no? ¡Que se queden los viejecitos sin pensión ni centro de salud público, que seguro que se autogestionan ellos solos, así, tal cual! No es por ser borde (ni estatólatra), pero lo cierto es que la realidad actual (y no la literatura etnográfica, que siempre es muy sufrida) de lugares sin asistencia sanitaria pública suficiente como Somalia o Haití, no invita a pensar que una cosa lleva a la otra necesariamente…salvo en la preclara mente de Félix y sus aherrojados seguidores

  Yo el caso es que pienso que si se quiere luchar por la autogestión de la salud habrá que extender los conocimientos médicos y sanitarios entre la población, y procurar mecanismos autogestionarios y de control popular de los centros de salud de los barrios. Y, para ello, lo primero que habría que hacer es defenderlos con uñas y dientes de la privatización y la especulación neoliberal (¡uaargg, otro palabro, este usado para “acallar las conciencias” y no sé cuantas cosas más).

Así que, si de lo que se me acusa, en definitiva, es de defender que los viejos tengan pensión y puedan dejar de trabajar (para algo lo han hecho toda su vida); que haya centros de salud donde no tengas que pagar (más); que todos los niños y niñas aprendan a leer y escribir, y alguna que otra cosa más que les alcancemos a enseñar los “educadores-mercenarios”, que esa es otra (y no sólo los hijos de los ricos); pues la verdad es que sí. Que soy estatólatra. ¡Mira que pasarme la vida entera sin saberlo!

Pienso que Capital y Estado están íntimamente relacionados, es cierto, pero precisamente por ello, creo que sólo la democratización y autogestión de los centros de producción y de vida colectiva puede constituir otro tipo de sociedad. Que no es retirándose a una cueva o a un convento como se puede levantar el armazón de un mundo nuevo. Que el barrio o el municipio tome los centros educativos o los ambulatorios. No abolamos nuestro propio poder de clase (¡jó, otro palabro!) escondiéndonos en un rincón apartado, pero muy “puro”.

Y eso nos lleva a una diferencia esencial con respecto a lo que afirma Félix. Hay quienes (seremos por ello estatólatras, o quizás cosas peores) no soportamos ni la metafísica ni la mística espiritualista. Intentamos ser profundamente materialistas, en el sentido filosófico del término, con todo lo que ello implica: hedonismo, nominalismo, epicureísmo cuando no defensa de los cirenaicos, ateísmo, etc. El idealismo filosófico de Félix es casi proverbial. Ahí está el odio al cuerpo y a la carne, al mundo material (“impuro”, “pancista”, “garbancero”) y la afirmación de la superioridad del espíritu y lo inasible (“el servicio desinteresado”). Una narrativa profundamente religiosa. Que, entre otras cosas, le lleva a considerar el capitalismo como un asunto “de ideas” o de textos, y no de intereses reales de seres humanos concretos. Así, los “liberales” defienden determinados conceptos (“el Estado”, “el trabajo”, etc.) que pasan a estar contaminados por ellos más allá de cualquier análisis táctico de la situación concreta (quien, en el paro, reivindica un trabajo, no sería más que un colaborador del Mal, como quien reivindica un centro de salud público, ante la inexistencia de alternativas). Claro, lo bueno es que “el mundo de las Ideas” necesita de buenos intérpretes que sepan jugar con ellas y combinarlas en bonitas conjunciones, y no de intervenciones prácticas en lo real (que siempre son, de una manera u otra, “impuras”). Ahí aparece Félix.

Ahora bien, lo mejor del capítulo que me dedica es, sin duda, la nota al pié número 58, en la que manifiesta su perplejidad porque en otro libro mío (“Entender la descentralización productiva”, ¡hay que ver que propaganda me hace este chico!) celebro las luchas de los trabajadores del Metro de Madrid contra su empresa (estatal y pública). No sé si dichos trabajadores estarán tan perplejos como él, dado que tengo el honor de conocer a los más combativos desde hace algunos años y no me han dicho nada al respecto; pero lo que sí me parece contradictorio es su planteamiento, ¿para qué debían, según él, luchar estos trabajadores? ¿Para exigir la privatización de la empresa? ¿Para pedir “servir desinteresadamente” a todos los madrileños? Si les dan algo, ¿no será que la patronal quiere y le interesa, y les está engañando? ¿No debían rechazarlo?

En fin, que no termino de entender toda esta maraña. Será que soy un “estatólatra” irrecuperable, un “hedonista” incorregible, un “obrerista” pútrido.

Vamos, que defiendo una sociedad de bienestar para todos, de autogestión generalizada, sin explotadores ni explotados, con pleno derecho al placer y la alegría para hombres y mujeres.
José Luis Carretero Miramar.
PD: Por cierto, lo que sí llega al mal gusto, son ciertas afirmaciones del libro sobre el feminismo y la represión estatal, en las que prácticamente se acusa de colaborar con la tortura y la violencia patriarcal a sus propias víctimas. Ahí de verdad se pasa tres pueblos. Quiero imaginar que no lo releería. 

lunes, 11 de julio de 2011

ENTREVISTA EN EL PORTAL LIBERTARIO OACA.

Seguimos con las entrevistas virtuales con motivo de nuestro Décimo Aniversario en Internet. Hoy ofrecemos la visión de José Luis Carrtero Miramar, profesor, escritor y activista.
José Luis ha sido abogado ejerciente, miembro de la Asociación Libre de Abogados, y en la actualidad es profesor. Militante de los movimientos sociales desde su juventud, esta afiliado al anarcosindicato Solidaridad Obrera y participa en el Instituto de Ciencias Económicas y de la Autogestión (ICEA).
Ha publicado los libros de ensayo "Contratos temporales y precariedad" (Solidaridad Obrera, 2007), "El bienestar malherido. Seguridad Social, desempleo y flexiguridad en el siglo XXI" (Solidaridad Obrera, 2008) y "Entender la descentralización productiva" (Solidaridad Obrera, 2010). Es colaborador del periódico Diagonal y de revistas como Trasversales, Nómadas y El Solidario, así como de diversas webs de contrainformación. Además ha publicado numerosos relatos y poemas en el espacio web Poesiasalvaje.org y ha participado en los libros colectivos "Certamen de Literatura Atea" (La Colmena, 2009) y "II Certamen de Literatura Atea" (La Colmena, 2010). También ha publicado el libro de cuentos “El abogado del hombre más malo del mundo y otros relatos” (La Malatesta, 2011) 
OACA: ¿Cómo consideras que desde el anarquismo, y particularmente desde desde ICEA/Solidaridad Obrera, se pueden ofrecer respuestas a los problemas de la sociedad actual?
José Luis CarreteroJosé Luis: El movimiento libertario tiene mucho que decir en la actualidad, dada la gigantesca mutación civilizatoria que está en ciernes, provocada por las múltiples crisis confluyentes frente a las que nos encontramos (la económica, la energética, la ecológica, la del régimen político actual,la de la hegemonía norteamericana y occidental,  incluso la cultural y educativa). Todo va a cambiar en las próximas décadas, y una de las pocas maneras de no perderse en ese camino a lo desconocido que vamos a afrontar, va a ser tener claros ciertos elementos esenciales que el anarquismo ha defendido históricamente como  la defensa de los débiles, de la clase trabajadora, la necesidad de una democracia directa y participativa y de una limitación clara del poder social o la autogestión y la preeminencia de la cooperación y el apoyo mutuo sobre la competencia descarnada.
El trabajo de análisis y divulgación que llevamos a cabo en el ICEA, por ejemplo, es absolutamente imprescindible (independientemente de que nosotros, en concreto, lo hagamos mejor o peor). Pararse a pensar y reflexionar, aprender a dominar los instrumentos teóricos que permiten desentrañar el presente e intentar popularizar su uso entre los militantes y la sociedad, hoy en día, es algo esencial. Al margen de que se esté de acuerdo o no con nuestros análisis concretos, lo cierto es que es necesario mojarse intelectualmente y formarse todo lo posible, no dejar ese trabajo sólo para las instituciones académicas o para los think tanks del sistema. El pensamiento militante siempre ha sido tremendamente fructífero.

En cuanto al sindicalismo revolucionario, lo cierto es que, pongámosle las siglas que le pongamos, también es imprescindible. La fuerza de este sistema nace de su capacidad de obligarnos a trabajar todos los días para él, de su habilidad para extraernos plusvalor que se transmuta en riqueza y poder político y social. Sin actuar donde está esa fuente esencial de apropiación de la riqueza, y por lo tanto del poder, por unos pocos, no podremos avanzar ningún paso, por mucho que intentemos forzar modificaciones legislativas  en dirección a la democracia participativa. Al final, quien paga, manda,como dice el refrán, y la democracia, en el capitalismo, acaba deteniéndose a las puertas de los centros de trabajo. Los libertarios, realmente, tienen un gran depósito de experiencias e investigaciones prácticas que hacer valer en este ámbito, que es una escuela tremenda, donde aprender lo necesario para la lucha social y para la acción en común. La de Solidaridad Obrera es una ellas, y no precisamente de las peores, como demostró su clara voluntad de lucha en el Metro de Madrid, el año pasado, cuando parecía que la sociedad entera estaba dispuesta a claudicar ante los recortes sociales. La lucha sindical en los centros de trabajo se ha mostrado imprescindible históricamente para obtener cualquier tipo de mejora social, y ello independientemente de que, sin duda, deba transformarse al hilo de las modificaciones estructurales que ha sufrido el fenómeno del trabajo y el mercado laboral en los últimos decenios.
OACA: ¿Cuál es tu opinión sobre el movimiento de protesta surgido a raíz del conocido como “15-M”? ¿Ves alguna similitud con las revueltas en el norte de África?
José Luis: Creo que el 15-M es enormemente positivo. Ha introducido un factor nuevo en la lucha social en nuestro país: la masa, lamultitud. Ya no somos minorías exiguas tratando de hacer un cierto testimonio ideológico, sino que la lucha se vuelve real, porque miles y miles de personas la hacen suya. La resistencia a los recortes sociales y a la cada vez más clara deriva antidemocrática de nuestra sociedad se ha vuelto un asunto que interesa a las mayorías, que moviliza a una gran masa social. Esto era imprescindible para poder llegar a una nueva fase, cualitativamente diferente, de las luchas. Por supuesto, el movimiento es enormemente heterogéneo (es un problema de cuando hay multitudes, no todos dicen lo mismo) y todos los sectores organizados (partidos y demás), de la clase dirigente y de la clase media, están intentado controlarlo. Sólo lo consiguen hasta cierto punto, lo mismo que les sucede a las "vanguardias proletarias", normalmente autoproclamadas, más que reales. Hemos de tener en cuenta que la resistencia a los recortes y la profundización de la democracia exigen una gran alianza social que incluya, no sólo a nuestras bases tradicionales y a la juventud, sino también a sectores de la clase media que ven su estatus en peligro por el saqueo neoliberal. No debemos abandonar nuestro discurso específico por ello o disolvernos totalmente en lo que pasa, pero si ser comprensivos y generosos con los ritmos y necesidades de los demas y, principalmente, con esa gran masa de gente que tiene ahora su primera experiencia de lucha y de acción en común.
En cuanto a las similitudes con el Norte de Africa, las hay y esenciales, pero también hay, de momento (veremos hacia donde van las cosas) una esencial diferencia de grado. Aquí también hay varias generaciones condenadas, sobradamente preparadas desde el punto de vista técnico, pero abandonadas a la precariedad laboral y el paro, a la infantilización forzosa, a la inexistencia, incluso política y cultural. Pero aquí no se llega (al menos de momento) al extremo del hambre, y la miseria se palía muchas veces con la solidaridad familiar. Sin embargo, lo que si parecen dibujar las sociedades del Norte de Africa, es un esquema, bastante plausibe, de nuestro futuro, si no reaccionamos: autoritarismo violento y saqueo neoliberal exacerbado, con aniquilación de la clase media, para hacernos "competitivos" en el mercado mundial. Aún estamos a tiempo de evitarlo.
OACA: ¿Cuál crees que será el papel que tendrá el movimiento libertario en los próximos años?
José Luis: El movimiento libertario ha de tener un papel esencial a la hora de nutrir y extender las luchas, ha desplegar su capacidad para enriquecer las experiencias políticas y vitales de la gente. Tenemos una tradición de pluralidad y apoyo mutuo, de democracia directa y de productividad en común, que va a ser muy importante en el negro futuro que nos están preparando. Pero también hemos ido acumulando muchas taras en los últimos decenios, como el sectarismo exacerbado de muchos, las luchas intestinas o la tendencia a defender cosas pintorescas que sólo les interesan a nucleos muy minoritarios autoexcluidos de la vida social. No es encerrándonos en cuchitriles, cada vez más puros (en el sentido de que defienden unas temáticas y unas propuestas cada vez más extremadas y enloquecidas) y cada vez más pasivos y autoreferenciales, como podremos avanzar, sino que hemos de decidirnos a contaminarnos, a sumergirnos en los grandes temas de la sociedad de nuestro tiempo, en las grandes transformaciones que vienen. Habrá que tejer muchas redes y romper muchas normas autoimpuestas, que garantizaban nuestra pasividad. Habrá que poner la piel en el empeño.
OACA: De forma un poco más personal, ¿por qué seguiste el camino del anarquismo?
José Luis: Provengo de una tradición familiar (más o menos larga, según la rama) de lucha social. Mis padres lucharon contra el franquismo y para intentar transformar la sociedad, algunos de mis abuelos también. Entré en el escenario de dicha lucha poco antes de que cayera el muro de Berlín, lo que clarificaba muchas cosas entorno al estalinismo. No me importa tanto que si se me debe definir con el vocablo "anarquista" (¿quién sabe si lo soy o lo merezco?) como que quede claro que hago lo que buenamente puedo por transformar la sociedad en la dirección de la democracia directa, el respeto al individuo, la abolición de la miseria (no sólo la económica), y el fomento de la autogestión productiva.
OACA: ¿Qué le dirías a los jóvenes y no tan jóvenes que por uno u otro motivo se acercan por primera vez a los planteamientos libertarios?
José Luis: Que investiguen, que se formen, que la cultura y la tradición de los movimientos revolucionarios de los últimos dos siglos es de una riqueza enorme, y debe conocerse para poder hacer algo que sea realmente nuevo y bueno. Que no importa tanto en que organización estás (aunque es bueno organizarse), sino que este es un movimiento plural, y que de todos se aprende. Que no abandonen la vida social por estar en tal o cual grupo, que la gente que no es "anarquista" o que no es "pura" también puede ser tremendamente válida. Que vivan con intensidad, que no paren de aprender, que lean compulsivamente, que gocen de la alegría y la creatividad del trabajo en común, que disfruten de la rebeldía y de la capacidad de construir  y hacer las cosas bien, que piensen por sí mismos.
OACA: Para terminar, puedes añadir lo que consideres oportuno.
José Luis: Buff, me he puesto tan lírico que no sé si me atrevo. Un abrazo a todos y todas.
OACA: Otro abrazo para ti, te agradecemos de corazón el interés y esperamos seguir disfruntando de tus escritos en el Portal. Salud.

jueves, 23 de junio de 2011

RECURSOS HOMANOS O PEONES DE AJEDREZ.

ANÁLISIS: ¿QUÉ ES LA MOVILIDAD FUNCIONAL?

Recursos humanos o peones de ajedrez

Las sucesivas reformas laborales han ampliado la libertad de los empresarios para cambiar las funciones de los trabajadores en el interior de las empresas.

JOSÉ LUIS CARRETERO MIRAMAR / Profesor de Derecho del Trabajo e integrante de ICEA
PERIÓDICO DIAGONAL. Martes 21 de junio de 2011.  Número 152
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Foto: Olmo Calvo
Cuando se realiza un contrato de trabajo, las partes contratantes acuerdan la realización, por parte del empleado, de una serie de tareas que se corresponden a alguna categoría o grupo profesional de los establecidos en su convenio de referencia. Los grupos profesionales (por ejemplo, administrativo) están redactados con una mayor amplitud que las categorías (por ejemplo, auxiliar administrativo) y permiten una mayor polivalencia funcional, es decir, la realización de un abanico mayor de tareas; razón por la cual se han popularizado en los convenios, hasta la aparición de una nueva categoría aún más general: las llamadas “competencias”.
Cuando el empresario ordena al trabajador realizar tareas que no se corresponden con las que realiza habitualmente,tiene una serie de limitaciones explicitadas en el Estatuto de los Trabajadores:
- Si se trata de funciones de la misma o equivalente categoría, el empresario puede ordenarlo libremente, con la única limitación de respetar las exigencias legales de titulación correspondientes.
- Si se trata de funciones de una categoría inferior, el empresario puede dar la orden cuando existan razones técnicas o de organización urgentes e imprevisibles. El trabajador sólo realizará las funciones de la categoría inferior por el tiempo imprescindible y seguirá cobrando su salario normal (es decir, el de la categoría superior). El artículo no ampara las modificaciones que supongan un menoscabo de la dignidad personal del trabajador o un perjuicio en su formación y promoción profesional. En este caso, el empleado tendrá derecho a solicitar la resolución del contrato por incumplimiento grave del empresario, con indemnización de 45 días por año trabajado con un límite de 42 mensualidades.
- Si se trata de funciones de una categoría superior, el empresario lo podrá ordenar si existen razones técnicas o de organización y por el tiempo necesario. El trabajador, en este caso, cobrará el salario correspondiente a la categoría superior, y podrá solicitar el ascenso, conforme a las reglas que haya para ello en su convenio, cuando haya desempeñado dichas funciones por un período de seis meses en el cómputo de un año, o de ocho meses en un período de dos años, salvo que en el convenio se dispongan otros plazos.
En todo caso, la movilidad funcional está siendo ampliada progresivamente en cada reforma laboral, para permitir una gestión más cómoda y amplia de los “recursos humanos” por parte de las gerencias. Forma parte de la llamada “flexibilidad interna” que se ha venido presentando como la panacea por parte de sectores empresariales y sindicales, al hilo de la llamada “flexiguridad”.

LA REFORMA DE LA NEGOCIACIÓ COL.LECTIVA (CATALÁ).

La reforma de la negociació col·lectiva de recent aprovació configura una agressió directa a moltes de les més importants conquestes històriques de la classe treballadora.
Construïda entorn a la idea que l’única manera d’afrontar la crisi és minorar les condicions de vida de les classes subalternes (i, per tant, fer-la permanent per a elles), la seva arquitectura no és més que el disseny d’una tremenda volta de rosca (altra més) contra els principis fonamentals del Dret del Treball i de l’estructura constitucional bàsica.
Vegem els seus elements essencials:
* En primer lloc, s’estableix tot un elenc de matèries (per altra banda, moltes de les principals o més importants, en el marc de la relació laboral) en les quals el conveni d’empresa tindrà “prioritat aplicativa” sobre el sectorial. Es tracta, en definitiva, d’inaugurar la possibilitat que el conveni inferior pugui empitjorar les condicions del superior. Una cosa que era simplement impensable des de la visió clàssica de la negociació col·lectiva, i que només s’ha tornat possible a de la mà d’un sindicalisme majoritari disposat a totes les cessions i pactes. Només quan els convenis han començat a dedicar-se a empitjorar les condicions dels convenis anteriors o de la lletra de la llei, s’ha pogut plantejar obertament un conveni d’empresa que empitjorés el sectorial.
* A més, s’introdueix amb força l’obligatorietat o semi-obligatorietat dels mecanismes no jurisdiccionals per a solucionar les diferències en el procés negociador i, més concretament, de l’arbitratge. Ja hem indicat el que això implica en altre text (Atents a l’arbitratge, http://www.nodo50.org/trasversales/t21arbi.htm ). Al cap i a la fi, l’arbitratge no és altra cosa que una eficaç “justícia de classe” que tracta d’impedir l’accés als tribunals i substituir-lo per una semi-jurisdicció la independència de la qual no es garanteix de cap manera. L’experiència de l’extensió dels mecanismes arbitrals en el marc dels litigis relacionats amb la inversió estrangera en el Tercer Món, no convida a l’eufòria. A més, el seu ancoratge constitucional és pràcticament nul, ja que es va a imposar a subjectes que no ho havien pactat i per als quals es va a constituir en obligatori.
* Per altra banda, s’inclouen en el contingut mínim del conveni les mesures “per a contribuir a la flexibilitat interna en l’empresa”, i en particular un percentatge màxim i mínim de la jornada que podrà distribuir-se irregularment (excepte pacte, un 5%) i “els procediments i períodes temporals i de referència per a la mobilitat funcional”. És a dir, que l’Estat utilitza la seva possibilitat de legislar només en una direcció. La funció heterònoma del Dret del Treball només es compleix en el que constitueix una agressió als treballadors. Lluny de mantenir la neutralitat, o desaparèixer (com semblaria que reclamen els manuals neoliberals) l’Estat determina continguts mínims del conveni, però no per a limitar el poder omnímode empresarial (com implicaria la tradició iuslaboralista clàssica) sinó per a ampliar-lo, obligant a la contrapart a negociar sense contrapartides. Un bonic intervencionisme estatal que no suscitarà el rebuig dels tertulians detractors de la intervenció de l’Estat en les relacions laborals. El Dret “auxiliar de l’empresa”, en el qual alguns reclamen que es transformi el Dret del Treball, en el seu autèntic desplegament.
* A més, s’obre la caixa de Pandora delsanomenats, en altres latituds, “convenis dinàmics”, a l’habilitar a la Comissió Paritària per a realitzar funcions d’adaptació “o, si escau, modificació del conveni durant la seva vigència”. Delenda est conveni, per tant. La força normativa i estabilitat que se li pressuposava dóna lloc, en la nova legislació, a un escenari de negociació contínua finalitzada, si la resistència de la contrapart obrera es manté, amb un repetit recurs a l’arbitratge. Els pactes no són per a complir-los, com saben bé els funcionaris espanyols. Novament, aquest esquema de convenis sempre mòbils i en qüestió només ha estat pensable i possible en el context d’un sindicalisme majoritari disposat al que sigui, amb la condició de sortir en la foto. Només quan existeix la gairebé seguretat que les modificacions van a ésser a pitjor per als treballadors, i que els seus sindicats ho signaran, s’ha permès la modificació del conveni vigent.
* I, finalment, moltes més mutacions, com la determinació de qui podrà negociar sense comptar amb els altres (les seccions sindicals amb majoria en el Comitè, en els convenis d’empresa), etc.
Una transformació profunda, doncs, de l’arquitectura negociadora espanyola, que no fa altra cosa que afeblir, de nou, tot contrapoder dels treballadors en el món productiu. Una transformació, per altra banda, bàsicament inútil per a buscar una sortida a la crisi que ens tenalla, com ja ho va ser l’última reforma laboral i ho serà la pròxima. Forçant tot el contrari a la “Gran Compressió” que va acompanyar la recuperació de la crisi de 1929 (l’augment dels salaris inferiors, al costat de la baixada dels superiors, provocant el creixement de la demanda), la situació, simplement, no té escapatòria per a economia espanyola.
No cap un desarrollisme extractivista a l’estil de la majoria dels països emergents en una Península ecològicament arrasada i sense matèries primeres d’importància; i la temptativa de competir en costos laborals amb Xina només ens pot dur al caos social i a l’autoritarisme més sagnant (com, per altra banda, passa en la pròpia Xina).
El capital financer espanyol i els tenidors internacionals del nostre deute públic i privada es preparen per a despullar a la població de la totalitat dels seus drets socials, ja que els polítics no els va obtenir mai. Deixaran el caos darrere seu. Però, mentre, un cert aire de descontentament comença a créixer en la societat espanyola. Cada vegada més fort. Arribarà a la condició de vendaval. El despertar és inevitable. Caldrà estar atents.
* José Luis Carretero Miramar és membre de l’Institut de Ciències Econòmiques i de l’Autogestió (ICEA)
TRADUCCIÓN:CGT-CATALUNYA

miércoles, 15 de junio de 2011

La reforma de la negociación colectiva



            LA REFORMA DE LA NEGOCIACIÓN COLECTIVA.


            La reforma de la negociación colectiva de reciente aprobación configura una agresión directa a muchas de las más importantes conquistas históricas de la clase trabajadora. Construida entorno a la idea de que la única manera de afrontar la crisis es aminorar las condiciones de vida de las clases subalternas (y, por lo tanto, hacerla permanente para ellas), su arquitectura no es más que el diseño de una tremenda vuelta de tuerca (otra más) contra los principios fundantes del Derecho del Trabajo y de la estructura constitucional básica. Veamos sus elementos esenciales:

            -En primer lugar, se establece todo un elenco de materias (por otra parte, muchas de las principales o mas importantes, en el marco de la relación laboral) en las que el convenio de empresa tendrá “prioridad aplicativa” sobre el sectorial. Se trata, en definitiva, de inaugurar la posibilidad de que el convenio inferior pueda empeorar las condiciones del superior. Algo que era simplemente impensable desde la visión clásica de la negociación colectiva, y que sólo se ha vuelto posible al albur de un sindicalismo mayoritario dispuesto a todas las cesiones y componendas. Sólo cuando los convenios han comenzado a dedicarse a empeorar las condiciones de los convenios anteriores o de la letra de la ley, se ha podido plantear abiertamente un convenio de empresa que empeorase el sectorial.

            -Además, se introduce con fuerza la obligatoriedad o semi-obligatoriedad de los mecanismos no jurisdiccionales para solventar las diferencias en el proceso negociador y, más concretamente, del arbitraje. Ya hemos indicado lo que ello implica en otro texto (Atentos al arbitraje, http://www.nodo50.org/trasversales/t21arbi.htm ). Al fin y al cabo, el arbitraje no es otra cosa que una eficaz “justicia de clase” que trata de impedir el acceso a los tribunales y sustituirlo por una semi-jurisdicción  cuya independencia no se garantiza en modo alguno. La experiencia de la extensión de los mecanismos arbitrales  en el marco de los litigios relacionados con la inversión extranjera en el Tercer Mundo, no invita  a la euforia. Además, su anclaje constitucional es prácticamente nulo, ya que se va a imponer a sujetos que no lo habían pactado y para los que se va a constituir en obligatorio.

            -Por otra parte,  se incluyen en el contenido mínimo del convenio las “medidas para contribuir a la flexibilidad interna en la empresa”, y en particular un porcentaje máximo y mínimo de la jornada que podrá distribuirse irregularmente (salvo pacto, un 5%) y “los procedimientos  y periodos temporales y de referencia para la movilidad funcional”.

            Es decir, que el Estado utiliza su posibilidad de legislar sólo en una dirección. La función heterónoma del Derecho del Trabajo sólo se cumple en lo que constituye una agresión a los trabajadores. Lejos de mantener la neutralidad, o desaparecer (como parecería que reclaman los manuales neoliberales) el Estado determina contenidos mínimos del convenio, pero no para limitar el poder omnímodo empresarial (como implicaría la tradición iuslaboralista clásica) sino para ampliarlo, obligando a la contraparte a negociar sin contrapartidas. Un bonito intervencionismo estatal que no suscitará el rechazo de los tertulianos detractores de la intervención del  Estado en las relaciones laborales. El “Derecho auxiliar de la empresa”, en el que algunos reclaman que se transforme el Derecho del Trabajo, en su auténtico despliegue.

            -Además, se abre la caja de Pandora de los llamados, en otras latitudes, “convenios dinámicos”, al habilitar a la Comisión Paritaria  para realizar funciones de “adaptación o, en su caso, modificación del convenio durante su vigencia”. Delenda est convenio, por lo tanto. La fuerza normativa y estabilidad que se le presuponía da lugar, en la nueva legislación, a un escenario de negociación continua finalizada, si la resistencia de la contraparte obrera se mantiene, con un repetido recurso al arbitraje. Los pactos no son para cumplirlos, como saben bien los funcionarios españoles. Nuevamente, este esquema de convenios siempre móviles y en cuestión sólo ha sido pensable y posible en el contexto de un sindicalismo mayoritario dispuesto a lo que sea, con tal de salir en la foto. Sólo cuando existe la casi seguridad de que las modificaciones van a ser a peor para los trabajadores, y que sus sindicatos lo firmarán, se ha permitido la modificación del convenio vigente.

            -Y, por último, muchas más mutaciones, como la determinación de quien podrá negociar sin contar con los demás (las secciones sindicales con mayoría en el Comité, en los convenios de empresa), etc.

            Una transformación profunda, pues, de la arquitectura negocial española, que no hace otra cosa que debilitar, de nuevo, todo contrapoder de los trabajadores en el mundo productivo.

            Una transformación, por otra parte, básicamente inútil para buscar una salida a la crisis que nos atenaza, como ya lo fue la última reforma laboral y lo será la próxima. Forzando todo lo contrario a la “Gran Compresión” que acompañó la recuperación de la crisis de 1929 (el aumento de los salarios inferiores, junto a la bajada de los superiores, provocando el crecimiento de la demanda), la situación, simplemente, no tiene escapatoria para economía española. No cabe un desarrollismo extractivista al estilo de la mayoría de los países emergentes en una Península ecológicamente arrasada y sin materias primas de importancia; y la tentativa de competir en costes laborales con China sólo nos puede llevar al caos social y al autoritarismo más sangriento (como, por otra parte, ocurre en la propia China). El capital financiero español y los tenedores internacionales de nuestra deuda pública y privada se preparan para despojar a la población de la totalidad de sus derechos sociales, ya que los políticos no los obtuvo nunca. Dejarán el caos tras de sí.

            Pero, mientras, un cierto aire de descontento empieza a acrecerse en la sociedad española. Cada vez más fuerte. Llegará a la condición de vendaval. El despertar es inevitable. Habrá que estar atentos.


            José Luis Carretero Miramar.




  

martes, 31 de mayo de 2011

POUR UNE DEMOCRATIE SUBSTANTIELLE.

Aquí tenéis una traducción al francés de la mayor parte del artículo "Por una democracia sustancial", que podéis encontrar más abajo, aparecida en laweb http://www.autrefutur.org/ de la CNT Francesa.

José Luis Carretero Miramar, de Solidaridad Obrera, nous donne cet avis personnel, le 23 mai, Pour une démocratie substantielle
Ces jours ci les places de nos villes ont été occupées par la jeunesse. Elle réclame une “démocratie réelle”, revendique une autre société. La dictature féroce et autiste des marchés a été remise en question par la mobilisation massive et assembléaire d’un peuple entier qui, las de tant de mansuétude, s’est enfin décidé à se rendre maître de son propre destin. […]
Dépassant le précaire médiatique et le “consensus” forcé qui, inauguré dans la transition, a empêché durant des décennies le plein exercice des droits démocratiques par une partie des citoyens, la prise de décisions participative et assembléaire a démontré être un excellent ciment commun.
Mais il faut tenir compte de quelque chose de plus : la nouvelle démocratie réelle ne fonctionnera et ne sera pas possible sans une base sociale suffisamment étendue. Et cela nous pousse à affronter le problème du social et du travail : il n’y a pas de démocratie si elle s’arrête aux portes des lieux de travail, s’il y a une énorme disparité entre les possibilités économiques des différents secteurs productifs, qui pousse les “perdants du marché” à la misère, la précarité ou l’abandon. Sans résoudre la “question sociale”, sans un contenu claire sur ce plan, la démocratie politique ne sera plus qu’un jeu fragile de miroirs, toujours sur la corde raide.
Nous devons donc réclamer la fin de la dictature néo libérale et du pillage effectué par l’oligarchie financière avec la même force et la même impétuosité qu’on réclame d’autres choses : la prétendu dette externe (et, surtout, privée des entités financières) doit être soumise à un audit rigoureux qui impose un accord substantiel ou, simplement, refusée ; les privatisations doivent être suspendues et annulées ; la banque doit être soumise à un contrôle public exhaustif ou nationalisée. Nous devons même aller plus loin, si nous recherchons vraiment et si nous défendons une démocratie substantielle : la cogestion, la récupération d’entreprises par les travailleurs eux-mêmes, le coopérativisme, l’entreprise autogestionnaire et l’économie sociale doivent être appuyés de façon décidée par les nouvelles forces démocratiques. […]
Et cela, bien au-delà des “patriotismes d’organisation” et les aigreurs et les mesquineries de certains secteurs de la gauche qui ont été incapables de comprendre que, quand les gens se soulèvent, tous les catéchismes sont de trop. Si nous voulons construire une nouvelle société, une démocratie substantielle, nous devons chercher les racines de l’arbre de l’inégalité et l’arracher avec fermeté. C’est l’heure des gens, de ceux qui étudient, travaillent et rêvent (qu’ils aient ou pas ce qu’on appelle un “emploi”), de ceux qui doivent décider.
C’est l’heure que le peuple prenne la parole.
l

RAFAEL DEL RIEGO Y EL HILO ROJO DE LA DEMOCRACIA

Hace relativamente poco, un grupo de jóvenes compañeros libertarios me pidieron unan reflexión sobre la historia de la “democracia”. Este fue el texto que les mandé:
RAFAEL DEL RIEGO Y ELHILO ROJO DE LA DEMOCRACIA.

Rafael del Riego
Rafael del Riego fue hecho prisionero el 15 de septiembre de 1823, en pleno derrumbe militar del régimen constitucional ante el absolutismo borbónico, y  fue ejecutado dos meses después en Madrid, en la Plaza de la Cebada. La sentencia (que no llegó a  cumplirse en sus propios términos) establecía que su cuerpo sería descuartizado, que sus cuartos serían repartidos entre los lugares más representativos de su vida (Sevilla, Isla de León, Málaga y Madrid), y que su cabeza sería expuesta por tiempo indefinido en Las Cabezas de San Juan, donde se alzó militarmente contra Fernando VII y su régimen de poder absoluto. El día de su muerte, algunos jóvenes testigos del suplicio (oportunamente bendecido por la Iglesia), entre los que se encontraban los poetas Patricio de la Escosura y José de Espronceda, se juramentaban para vengarle. 

El 14 de abril de 1931, al proclamarse la Segunda República Española, el “Himno de Riego”, escrito en su honor, fue coreado por las multitudes proletarias y republicanas junto a “La Marsellesa”, “A Las Barricadas” y “La Internacional”, como un claro símbolo de la República en ciernes. Años antes, el célebre pedagogo anarquista Francisco Ferrer i Guardia había puesto a su hijo el nombre de Riego, en memoria de este militar liberal y revolucionario, muerto décadas atrás.
¿Qué extraño hilo rojo une a un oscuro teniente coronel de ideas liberales y democráticas con las figuras señeras del republicanismo y el movimiento obrero españoles de los decenios posteriores? ¿Por qué en la Unión Soviética de 1939, en pleno apogeo del Estado autodenominado como proletario se publicó un libro de G. Revsin titulado “Riego, héroe de España”? ¿Qué oscura clave conecta aún hoy la memoria del liberalismo democrático de primera hora con la narrativa feroz de las revoluciones proletarias y la transformación radical del mundo?
Preguntarse por Riego es, al fin y al cabo, preguntarse por la democracia. Por esa extraña consigna levantada por la burguesía al albur de la Revolución Francesa de 1789, contra el poder autocrático del Antiguo Régimen, que más tarde trataría de profundizar y acrecer, hasta un extremo no previsto por sus primeros defensores, el movimiento proletario del siglo XX.
A finales del siglo XVIII la burguesía era una clase social en plena expansión económica, pero apartada del ejercicio del poder efectivo por la estructura de un Antiguo Régimen basado en el dominio autocrático y absoluto de la Corona, la Iglesia y la clase aristocrática.
Frente a la áurea leyenda de una democracia agraria pura y virginal, el mundo inmediatamente anterior a la Gran Revolución estaba ferozmente determinado por el poder sin límites de señores, curas y reyes. El latifundismo feudal, expresado en obligaciones de servidumbre como el famoso “derecho de pernada” o de “prima nocte” era una realidad enormemente extendida que había derrotado ya hacía tiempo al régimen concejil. Pese a la subsistencia de parte del comunal, lo cierto es que la praxis social aldeana estaba controlada, en la mayor parte de los sitios, por nobles y eclesiásticos, en el marco de un ordenamiento jurídico donde la tortura era considerada un medio normal y legal de prueba, y la represión de los actos de rebeldía descansaba en el concepto del suplicio (la muerte, la mutilación, la tortura pública del delincuente). El analfabetismo era masivo y cualquier libro que pusiese en cuestión la más estrecha visión de la Santa Madre Iglesia convertía a su autor, si era identificado, en el objeto de las más ignominiosas crueldades.
La burguesía se había hecho fuerte en los poros de esta sociedad. Dedicándose a las actividades de nuevo desarrollo (el comercio, la industria, la usura…) había conseguido enriquecerse, pero su pujanza económica no se traducía en un poder político y social efectivo. Nobleza, Iglesia y Corona, pese a  sus ocasionales encontronazos mutuos, seguían guardándose la parte principal del pastel para ellos solos.
Así que esta nueva clase dinámica y en crecimiento de la sociedad necesitó aliados en su pugna por el poder. Necesitó romper un tabú: el de la absoluta pasividad de las masas populares, trabajadoras y campesinas.
Para atraer a su lado a los sectores sometidos, la burguesía, en el crisol de una de las mayores oleadas revolucionarias que en el mundo han sido, tuvo que prometerles algo: el concepto feroz y feraz de la democracia. Rebuscando en las tradiciones campesinas y en la cultura precristiana de Occidente, los teóricos liberales levantaron una bandera que llevaba siglos arrumbada: los hombres son todos iguales y deben de tener la misma capacidad de decisión. Libertad, Igualdad, Fraternidad. Los pilares y ejes esenciales de una sociedad democrática y libre.
Ya desde el primer acto de este drama quedó claro que había distintas concepciones de dicho vocablo. Mientras los sectores burgueses hablaban de una ruptura con los límites teocráticos y absolutos del Antiguo Régimen que no superase determinados listones arbitrariamente establecidos, los sectores populares hicieron pronto suya (desde la propia Revolución Francesa, en la que ya se puede rastrear la existencia de facciones como las de Marat, Hebert o Babeuf) la consigna democrática exigiendo que la libertad, la igualdad y la fraternidad llegaran, incluso, al corazón de la estructura social: la organización económica de la vida.
La burguesía, para llegar al poder, había tenido que arrasar con dos mitos esenciales que una tradición de un milenio había mantenido incólumes. Había creado dos gigantescos monstruos que se convirtieron, subsiguientemente, en su gran pesadilla:
Había demostrado, primero, que la Revolución Social es posible. En cerca de cien años, la acción de las masas populares realizó una transformación completa y radical del cuerpo social y la estructura de poder. Todo mutó, desde la organización de la familia, hasta la cosmovisión general de la población o la educación de los niños. Aquello no eran simples levantamientos campesinos para exigir menos impuestos o cambiar un Rey por otro. Era el vértigo de las masas irrumpiendo en la Historia y cambiando el mundo, como se dijo entonces, “de arriba abajo”. Con mayor o menor consciencia, es cierto, pero conformando un sujeto imposible de detener. Y que ya no se detendría. La idea de que una Revolución Social es posible, caló hasta lo más profundo de la imaginación popular, expresándose en las nuevas herejías antiburguesas: el socialismo, el anarquismo, el comunismo…
Además, la idea de que los seres humanos han de ser libres e iguales, y de que las decisiones sociales han de tomarse desde una praxis democrática, caló igualmente en las mentes de las nuevas generaciones. Ya no se aceptarían diferencias de nacimiento como en el orden del Antiguo Régimen, recién derribado (ni, con el tiempo, incluso de género). No habría sangres rojas y azules. La idea de la democracia y la igualdad se convertiría en un gigantesco virus que alimentaría todos los sueños febriles del proletariado y el campesinado en los siglos siguientes.
Por supuesto, la burguesía, tras vencer gracias a ellos, hizo todo lo posible por derribar a los dos titanes que acababa de despertar: habló del sufragio censitario, del parlamentarismo, de la representación nacional contra el mandato imperativo, de la monarquía parlamentaria…Trató de levantar, infructuosamente, nuevos diques que detuviesen la energía desatada de las masas: partidos políticos, campañas electorales, Razón de Estado…pero a cada nuevo dique le correspondían sus propias grietas, sus rupturas. Cuando lo liberales hablaron de sufragio censitario, los demócratas levantaron la bandera del sufragio universal; cuando los demócratas (ya domesticados) hablaron de monarquía parlamentaria, los republicanos se insurreccionaron en nombre de la democracia federal; cuando los republicanos alabaron las virtudes de la pequeña burguesía, el proletariado se alzó inconmensurable, con una pregunta que agitó los mares y estremeció los anhelos de millones de seres humanos durante decenios de lucha inquebrantable: ¿Por qué la democracia ha de detenerse –inquirió, casi textualmente, por ejemplo, Carlos Marx en “El Capital” – a las puertas de la fábrica? ¿Por qué la libertad, la igualdad, la fraternidad, no han de determinar la estructura de la propiedad, la regulación interna de la vida productiva y económica?
Somos todos hijos de ese mar embravecido que, desde las jornadas gloriosas de 1789, no dejó de lanzar sus dentelladas contra el dique burgués, tras ver que había sido capaz de derribar el de las testas coronadas.
Pero no nos engañemos. La Historia no se entiende si sólo se analiza ex post facto. Es fácil decir, pasada la fiesta, que los liberales de primera hora querían el triunfo de la burguesía y, por tanto, la OTAN, la Play Station, los discos de Bisbal, el bombardeo de Bagdad, el FMI, las contratas y subcontratas, el fútbol profesional, o cualquier otra cosa del mundo actual. Quienes ven así la Historia son como aquellos cineastas que, realizando una película sobre el Cid, olvidan quitarle el reloj de pulsera al protagonista de la escena de amor. Las gentes reales viven en su tiempo, en su momento, y tienen únicamente las alternativas concretas y efectivas que su época les permite. El conflicto real, el que enfrentó la gente real, no fue el que encaraba a los liberales con las ideas de Félix Rodrigo Mora (por ejemplo), o a Rafael del Riego con una “democracia campesina” que ya había sido aplastada siglos antes por el cuerpo armado de la aristocracia y la reptiliana doctrina de la Iglesia. Las gentes que se levantaron en 1789, o que lucharon contra el absolutismo en el largo y convulso siglo XIX, lo hicieron en el nombre de la igualdad, la libertad de espíritu, la posibilidad de decir lo que pensaban, y se enfrentaron con el oscurantismo, la superstición y el odio salvaje que siempre ha demostrado el alma conservadora y tradicionalista española. “Monárquica y sentimental”, pero capaz de las más horrorosas crueldades, como bien quedó demostrado a partir de 1936.
Sólo hay que hacer un pequeño seguimiento a la delgada línea roja, a algunas de sus hebras. Tras Riego, vinieron otros:
-Ramón Xaudaró, liberal republicano conocido como el “Marat barcelonés”, que se puso a la cabeza del levantamiento de la Ciudad Condal de 1837. Fue fusilado por, según se dijo, “propagar teorías disolventes” y ponerse “a la cabeza de proletarios armados para destruir el edificio social”.
-Francisco Pi i Margall, presidente de la Primera República. Masón. Federalista. Introductor de Proudhon en España.
-Eduardo Barriobero. Diputado Republicano federal. Abogado de la CNT. Presidente del Tribunal Revolucionario de Barcelona, tras el 18 de julio de 1936, a propuesta del sindicato anarcosindicalista. Puesto en el que fue sustituido por Angel Samblancat, un personaje muy parecido (también republicano federal y masón, y también un “hombre de la CNT”). Defensor de una “República social” que fuera más allá del parlamentarismo y del dique burgués, como un primer paso hacia el comunismo libertario.
-Ricardo Mella, Ramón Acín, Gil Bel, Pedro Vallina, Fermín Salvochea ¿Cuantos hombres y mujeres del movimiento obrero empezaron militando en las filas del republicanismo federal, radicalmente democrático y socializante? ¿Cuántos pasaron del reclamo de mayor libertad política a la reivindicación de la libertad y la igualdad social?
Es muy simple: en 1848 una ola revolucionaria se desató en la práctica totalidad del territorio europeo. Reclamaban principalmente libertad, democracia, República. Su parecido con el 2011 árabe ha sido ya subrayado por muchos analistas. Hubo dos tipos barbudos, entre los miles que se bregaron esos años en esa lucha por democracia, libertad, República. Analizaron sus posibilidades y sus límites. Y, subsiguientemente, decidieron trascenderla, superarla, acrecentarla, llevarla mucho más allá, hasta traspasar los límites que la propia burguesía insurrecta ya no consideraba aceptables. Se llamaban Carlos Marx y Miguel Bakunin. Exiliados, encarcelados, perseguidos por su participación en esos levantamientos, dieron voz a los millones de personas que, en el siguiente siglo, se tomaron la consigna de la democracia mucho más en serio que sus propios inventores.
No tenemos por qué renunciar a ella. Más allá y contra el parlamentarismo,  las campañas electorales, el “pluralismo político” de los lobbies o la “Gobernanza  Global”, lo que nosotros reivindicamos es una democracia efectiva y real. Una democracia que no se pare a las puertas de los centros de trabajo. Muchísima más democracia. Hasta hartarnos. No rompamos la delgada línea roja de los últimos doscientos años. Ya les gustaría.
José Luis Carretero Miramar

DE LAS AGENCIAS DE RATING A LA REFORMA DE LA NEGOCACION COLECTIVA

De las agencias de rating a la reforma de la negociación colectiva
Revista Trasversales número 22 primavera2011

Otros textos del autor en Trasversales

José Luis Carretero Miramar es profesor de Formación y Orientación Laboral. Afiliado al sindicato Solidaridad Obrera. Miembro del Instituto de Ciencias Económicas y de la Autogestión (ICEA).



Reforma laboral, reforma de las pensiones, Fondo de Capitalización de los despidos, privatizaciones, copago, modificación de la negociación colectiva… ¿Hay algo en común en todo ello? ¿Cómo opera la relación interna entre todos esos sucesos, si existe?

Hay quienes intentan desentrañarlo y quienes intentan oscurecerlo, mientras se agolpan aceleradamente las modificaciones legislativas y sociales que mutan nuestro incipiente y nunca desarrollado del todo Estado del Bienestar en un erial socioeconómico en el que las nuevas generaciones no tienen posibilidad alguna de una vida digna.
Hay elementos, sin embargo, que pueden actuar como claves de interpretación de lo sucedido, como una especie de fórceps teóricos que nos permiten acceder a una visión más nítida de lo que acontece. Porque si bien hay quien nos presenta esta situación como una especie de “desastre natural” sin culpables ni explicación plausible, lo cierto es que todo esto tiene una génesis concreta y determinable.

Recientemente, un grupo de abogados y organizaciones sociales interponía una querella criminal ante la Audiencia Nacional contra las agencias de rating Moody´s, Fitch y Standard and Poor´s. ¿Qué relevancia tienen estas tres concretas empresas privadas a la hora de interpretar el actual desbarajuste, acrecido en huracán, que amenaza con derruir la totalidad del llamado Estado Social Europeo?
Las empresas querelladas sólo hacen algo que, a simple vista, pudiera parecer enteramente inocente y desconectado de realidades como el despido flexible, la ancianidad mísera o los funcionarios interinos en el paro: dan una nota, basada en un informe, a los distintos instrumentos financieros emitidos por los Estados o los agentes privados. Si el Estado Español, por ejemplo, emite deuda pública, ellos indican si la misma les parece “excelente” o “especulativa” en función de unos criterios que nunca han sido concretados del todo. Al fin y al cabo, según ellos, lo que realizan no es otra cosa que un uso de su “libertad de expresión”, por lo que utilizan criterios que no han de cumplir ningún tipo de regulación legal explícita.
Todo parece muy simple. Ellos califican y el mercado hace lo demás. Pero lo cierto es que en este teatro hay mucho de trampa y fingimiento, de acuerdo implícito.

Veamos un ejemplo: el 28 de abril de 2010, Standard´s and Poor´s rebaja el rating de la deuda pública española de AA+ a AA. Lo más curioso es que la decisión se hace pública a las 17:27 horas, apenas tres minutos antes del fin de la jornada del Ibex y diez minutos antes del fin de la subasta de la deuda pública española. En esos escasos diez minutos la Bolsa hispana se desploma un 2,99 %, liderando las caídas en toda Europa.
Parece trivial, pero no lo es. Como tampoco lo es que los grandes Bancos que compran nuestros bonos, cuya calificación ha sido rebajada reiteradamente por estas empresas, sean clientes suyos y no vean, sin embargo, la suya consecuentemente disminuida.

Lo cierto es que el entrelazamiento de intereses entre los grandes inversores privados y las agencias de rating, y sus evanescentes maniobras, parecen cumplir presuntamente con los elementos de los tipos delictivos que se les imputan en la querella presentada en la Audiencia Nacional: conspiración para alterar el precio de las cosas y utilización de información privilegiada.
Pero en realidad el asunto va más allá. Porque, como apuntábamos más arriba, el aumento de los intereses de la deuda pública española forzado por estas maniobras torticeras, empuja el tren neoliberal unas cuantas estaciones más lejos: con la excusa del incremento de los tipos de la deuda, se aprovecha para obligar a los poderes públicos de los países periféricos de Europa a tomar decisiones políticas favorables a los negocios privados (y, las más de las veces, antisociales) de los inversores internacionales en abierta colusión con las agencias de rating.

Pongamos otro ejemplo, extraído también del cuerpo de la querella presentada ante la Audiencia Nacional: el 28 de enero de 2011, ante un Auto de la Audiencia Provincial de Navarra que reconocía la dación en pago de la vivienda hipotecada (es decir, que su entrega debía de bastar para finiquitar la deuda), una de las mencionadas agencias de rating afirmaba: “Fitch espera que la apelación del prestamista anulará la sentencia inicial. Sin embargo, si la apelación fracasa, daría lugar a un importante precedente material que potencialmente forzaría a Fitch a revisar sus actuales valoraciones del mercado”.

Se ha puesto de moda decir, por parte de los responsables políticos y de los interlocutores sociales, que los españoles tenemos “deberes” que cumplir. “Deberes” que nos ponen la Comisión Europea o los grandes inversores. Deberes para escolares aplicados, según una pedagogía un tanto caduca. Para ser vistos como un pueblo y un Estado de fiar. Esos deberes, sin embargo, no son más que la tétrica confirmación de nuestra absoluta falta de soberanía, de la ausencia de democracia efectiva, del gigantesco aparato caciquil en que se han transmutado los llamados “mercados globales”.
Así pues, con la inestimable ayuda de las agencias de rating, las oligarquías financieras pretenden determinar la textura de material de nuestras vidas, la calidad última de nuestros sistemas sociales y políticos.

A nadie le resultará descabellado considerar a la reforma laboral y al Acuerdo Económico y Social sobre las pensiones como los subproductos últimos de esta fenomenal colusión que sólo pretende salvar in extremis a un capitalismo voraz y en estado de senilidad. Al ver que sus enormes ganancias de los últimos decenios no eran más que virtuales, humo sin apenas ceniza ni valor, las grandes fortunas están operando como una colosal aspiradora que pretende volver reales las cantidades ubicuas de la contabilidad creativa de los años de bonanza.
Y para ello ningún límite parece ser respetado. Tendremos un nuevo modelo de negociación colectiva, de difícil encaje en la arquitectura constitucional, para demostrar que somos capaces de cumplir con los “deberes” que nos fueron impuestos. Pero, aún así, deberemos escuchar sin inmutarnos, pero con mirada servil, como el secretario general de la OCDE, Ángel Gurría, afirma sobre España, tras la caída de Portugal: “nunca se puede cantar victoria porque los deberes nunca están hechos del todo” (El Economista, 8-4-2011, pág. 7).

Una reforma de la negociación colectiva que está apunto de aprobarse cuando se escriben estas líneas, y que parece bascular entorno de una serie de temáticas esenciales: favorecer la negociación a nivel de empresa (donde los sindicatos simplemente no existen en la mayoría de los casos) y no de sector; la limitación o desaparición de la ultra-actividad de los convenios (que establece un suelo a la negociación en curso), la marginación de los sindicatos periféricos (y muy concretamente, algunos de enorme representatividad a nivel de Comunidad Autónoma), y la promoción de los sistemas no jurisdiccionales, como el arbitraje, a la hora de encarar los conflictos subsiguientes (algo sobre lo que hemos escrito ya un artículo en la versión electrónica de esta misma revista).

Una reforma legislativa, en todo caso, que se enmarca, como el conjunto de las medidas regresivas socialmente que no han dejado de aprobarse en los últimos meses, en el contexto de la mayor ofensiva contra los derechos sociales y económicos de las poblaciones europeas en más de medio siglo.
Como dijo, no hace tanto, Warren Buffet, el multimillonario presidente de Berkshire Hathaway, principal accionista de la empresa de rating Moody´s: “esto es la lucha de clases, y la mía, la de los ricos, la está ganando”. Eso sí, siempre y cuando continuemos mirándonos los pies.