miércoles, 28 de mayo de 2014

Entrevista en "Números Rojos"

Recientemente, el periodista David Losa, de la revista "Números Rojos" (www.revistanumerosrojos.com)  me ha entrevistado, junto a Carlos Taibo y Laura Vicente, para preguntarme sobre el nuevo auge del anarquismo en el Estado Español. Aquí están mis respuestas completas (hubo que cortar alguna cosa por razones de espacio). En todo caso, la totalidad de la revista es de lectura muy recomendable:

¿Cree que, en general, el ideario anarquista clásico está vigente en la actualidad?

Las bases fundamentales del pensamiento anarquista clásico no pueden estar más de actualidad. Vivimos en un momento de crisis múltiples y confluyentes (cultural, económica, financiera, pedagógica, de la hegemonía política, etc.), que delinean el escenario de una crisis civilizatoria global. En los próximos decenios todo va mutar aceleradamente, pero no sabemos exactamente en que dirección. 

En este contexto, las bases del socialismo libertario (que se puede construir una sociedad radicalmente democrática, donde no exista la opresión ni la explotación, y las clases sociales y el Estado burgués, como maquinaria social fundamentalmente puesta en manos de las clases dirigentes, desaparezcan y sean sustituidas por la auto-organización de las poblaciones) están plenamente vigentes. Si ahora se habla, en todas partes, desde Estambul a Madrid, de una "democracia real", de lo que se está hablando realmente es de que la gente tiene que tener el derecho de decidir igualitaria y libremente su futuro. El anarquismo clásico no hacía otra cosa que, tras la estela de la Revolución Francesa y la emergencia de sus límites, indicar que la democracia no podía ser restringida a la forma parlamentaria burguesa y, sobre todo, no podía desaparecer a las puertas de los centros de trabajo.

Así, los elementos esenciales del anarquismo clásico no eran otros que la defensa de la democracia directa y ampliamente participativa, y de la autogestión de la vida económica por parte de los propios productores. Cosas ambas que no pueden estar de más actualidad, vistas las demandas de todas aquellas gentes que están saliendo a la calle para intentar detener el saqueo neoliberal, que es producto de las propias contradicciones internas del sistema capitalista. Otra cosa, por supuesto, es la fraseología asociada a una época histórica determinada, o determinadas decisiones estratégicas y tácticas que nacen de una coyuntura concreta, y que determinados sectores de un movimiento muchas veces acosado y aislado, han terminado por entender como dogmas petrificados. El "anarquismo clásico", precisamente, fue muchas veces enormemente flexible y plural, pero la realidad de las últimas décadas (y esto no es exclusivo del anarquismo, sino que tiene correspondencias en prácticamente toda la izquierda) ha sido en ocasiones de la un movimiento fragmentado, atomizado y presa de todos los purismos y modas extravagantes.

 
¿De qué estado de salud goza el anarquismo en la actualidad en España? (Entendiendo como tal la actividad y el número humano de personas que se adscriben a tal pensamiento de una manera militante).

El anarquismo hispánico goza en estos momentos de una moderada buena salud. 

El anarcosindicalismo, en cualquiera de sus manifestaciones, sigue siendo una fuerza presente y asentada en muchos centros de trabajo, aunque no sea mayoritaria más que en espacios muy concretos. Y ha crecido de manera clara en los últimos años de crisis, tanto en afiliación como en capacidad de incidencia. De hecho, al calor del 15-M se produjeron las primeras convocatorias unitarias del conjunto de las organizaciones que se reclaman herederas, desde el punto de vista ideológico, de la CNT histórica, aunque, de momento, no se haya persistido en esa línea que estaba dando frutos evidentes. Esta presencia del anarcosindicalismo entre la clase trabajadora del Estado Español es única en el mundo y garantiza su inserción en las luchas del conjunto de la población contra el deterioro de las condiciones de vida y contra la gran desposesión que enfrentamos.

Por otra parte, existen numerosos grupos y entidades libertarias de diversas tendencias, generalmente insertos en espacios locales concretos, o dedicados a labores culturales o pedagógicas. Abundan las editoriales, las cooperativas e iniciativas productivas, o los núcleos juveniles, de barrio o de localidad. Estos grupos tienen una incidencia variable y una capacidad de influir en las luchas generales de la población que suele estar en relación directa con su capacidad de organización y de inserción en la realidad material de las poblaciones en las que realizan su trabajo. Frente a núcleos puramente marginales, y dedicados a labores muchas veces poco relacionadas con las necesidades inmediatas de la gente, conviven (aunque, a veces, también con muchos problemas) colectivos con amplia aceptación social y décadas de trayectoria barrial o cultural. Lo cierto es que se trata de una red rica y amplia, aunque muchas veces limitada por las propias tensiones internas que han llevado a muchas iniciativas a huir de la utilización de la palabra "anarquista", no sólo por su criminalización por las fuerzas del sistema, sino también para evitar verse abocadas a interminables debates internos.


¿Está presente el anarquismo, como se ha comentado a menudo, en la esencia de muchos de los movimientos sociales y manifestaciones espontáneas que se han sucedido con motivo de la crisis, aunque sea de forma inconsciente?

Está enormemente presente, en lo que son las bases organizativas e ideológicas esenciales que han ido desarrollando los movimientos sociales de las últimas décadas: asambleísmo, autogestión, mínima delegación, control de los líderes, independencia (al menos afirmada) de los partidos políticos, etc. Hoy día es casi imposible plantear, en el seno de los movimientos, que los mismo deberían organizarse en torno a otras bases organizativas (como sería, por ejemplo, el llamado "centralismo democrático", o los liderazgos autoritarios).  Nadie dice ya ser el "Frente de Masas" o el "Frente de los desahucios" del Partido X (es un ejemplo, que nadie se moleste). EL 15-M, o la PAH, sin la influencia histórica, discursiva, y muchas veces, incluso personal (pues gran parte del movimiento libertario se ha volcado a participar en estos espacios) de los y las anarquistas, no hubieran sido los mismos.

También es evidente que determinados planteamientos discursivos del anarquismo clásico han calado ampliamente en la población, al calor de la emergencia del 15-M, de lo que da fe la importancia de los experimentos autogestionarios y asamblearios puestos en marcha en los últimos tiempos en toda la geografía de nuestro país, desde Bancos de Tiempo, a cooperativas integrales, asambleas de barrio o centros sociales y ateneos populares.
¿Cree que, al albur de las anteriores cuestiones, el pensamiento anarquista o libertario ganará protagonismo en el futuro?

De aquí al futuro, en el marco de las tremendas transformaciones que van a vivir nuestras sociedades, va a ser imprescindible, ante el fracaso de las opciones clásicas basadas en un  socialismo autoritario y estatista o en el Pacto entre clases con una clase dirigente acosada por sus propias contradicciones,  desarrollar un nuevo socialismo, una renovación profunda del proyecto histórico levantado por las clases populares hace doscientos años para intentar transformar el mundo en la dirección de la más amplia democracia posible y de la construcción de una economía al servicio de la sociedad en su conjunto.

Ese nuevo socialismo, que tendrá que ser, inevitablemente, un ecosocialismo claramente consciente de los problemas medioambientales y de reproducción natural de la vida que el despliegue del capitalismo ha acabado por producir, tendrá también que tener entre sus elementos centrales muchas de las cosas que el anarquismo ha defendido siempre: la democracia directa, el fomento de la producción cooperativa y autogestionaria, la mínima delegación, la rotatividad de funciones, y el respeto por la pluralidad y la ausencia de dogmas.

Los límites del neoliberalismo, pero también del keynesianismo o del socialismo estatista clásico, para resolver los acuciantes problemas que la actual transición civilizatoria va a ir produciendo en las próximas décadas, van a ser cada vez más evidentes. En ese marco, el pensamiento anarquista debería ser una de las fuentes esenciales de inspiración de ese nuevo ecosocialismo, profundamente libertario, que deberemos construir entre todos y todas. La "línea libertaria" forma parte del corazón del proyecto histórico socialista en la práctica totalidad de los países del Globo, aunque fuera laminada en la mayoría por la poderosa influencia de la Revolución Rusa. Ha llegado el momento de entender que un parte importante de lo que defendía es una fecunda semilla, imprescindible para producir las nuevas dinámicas discursivas y organizativas que lleven a los nuevos movimientos a estar a la altura de nuestro siglo.

José Luis Carretero Miramar


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