jueves, 20 de febrero de 2014

Llamada a la racionalidad

Publicado en el periódico Diagonal.
Cargas policiales des­medidas en Gamo­nal, Valladolid, Al­corcón; incipientes reformas del Código Penal, de la Ley de Seguridad Ciudadana y de la de Seguridad Privada, así como del derecho al aborto; privatizaciones, precarización del empleo, paro de masas, desahucios… Pero la infanta Cristina sigue siendo la mujer de la semana, mientras recorre con sonrisa profident los escasos metros que la acercan a la puerta del juzgado. Y el libro más vendido de los últimos tiempos lo escribió Belén Esteban.
Que la situación sea extremadamente grave no quiere decir que, mecánicamente, esté madura para cambios transformadores. Había quien hablaba de condiciones “objetivas” y “subjetivas”, para cualquier revolución. Las objetivas ondean en los balcones de todas las barriadas acosadas por el paro, la nueva pobreza y la absoluta ausencia de posibilidades de hacer oír la propia voz. Las subjetivas quedan un poco más lejos.
Entendámonos, esto no quiere decir que no haya que ser audaces; por supuesto que sí. Pero no debemos olvidar que lo urgente no debe convertirse en la inercia que impida construir lo necesario, lo imprescindible. Las intentonas electorales, las situaciones de enfrentamiento en la calle, no deben hacer que ignoremos de dónde partimos: la sociedad de la burbuja y la despolitización.
Es muy simple: la gran mayoría de la población lo desconoce todo del pico del petróleo, de la auditoría de la deuda o de las formas de wikigobierno. Junto al precario juvenil ‘sobrecualificado’ se esconden el ama de casa de mediana edad, el limpiador subcontratado y el autónomo de las ñapas, ahora en paro, así como el interino de los servicios sociales públicos. Formar, organizar, articular toda la gran red social de las clases subalternas para constituirlas en un contrapoder popular va bastante más allá de pedirles su voto o su presencia en una cita callejera.
Y sin la participación generalizada y consciente de esas mismas clases populares no hay posibilidad alguna de cambio, sea cual sea la aritmética electoral. Las hipotéticas nuevas mayorías no podrán profundizar en ninguna medida necesaria, aún si de verdad quieren hacerlo, si las gentes de la calle no las entienden, las hacen suyas, y las empujan incluso más allá.

Elitismo intelectual

Para hacer saltar por los aires 40 años de pasividad e ignorancia política hay que articular los organismos populares, densificar e interconectar todas las redes, darles un anclaje local –precisamente lo que querían hacer las asambleas del 15M–, estar presentes en el aparato productivo mediante un sindicalismo de base y de confrontación, crear espacios y dinámicas de autoformación y debate que vayan más allá del elitismo intelectual en la elección de los temas y los enfoques para convertirse en momentos de reflexión sobre la práctica política de masas. 
La vuelta al universo estrecho de la confrontación entre las familias de la izquierda clásica o postmoderna pre-mayo, y sus eternos debates circulares –elecciones-abstención, keynesianismo-deep ecology, ¿quién diablos sale en el cartel?– podrá mantenernos entretenidos con mucha chicha para comentar, pero nos impide llegar a donde es necesario, imprescindible, llegar.
No negamos la urgencia, no anatemizamos las estrategias ‘audaces’ para lo inmediato –las compartamos o no–, sólo hacemos un llamamiento al uso de la racionalidad: la articulación, organización, densificación del movimiento es lo imprescindible, lo primero; y la formación, la reflexión y el diálogo con las clases populares, la tarea esencial.
José Luis Carretero Miramar.
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