jueves, 5 de noviembre de 2015

La economía de los trabajadores se da cita en Amuay


                LA ECONOMIA DE LOS TRABAJADORES SE DA CITA EN AMUAY.

                Solidaridad, debate, calor, salsa, autogestión…Amuay, Punto Fijo, Estado de Falcón, República Bolivariana de Venezuela. Del 22 al 25 de julio se ha realizado en ese marco incomparable, y en esa vibración de lo real, el V Encuentro Internacional La Economía de los Trabajadores, organizado por diversas iniciativas académicas y militantes como el Programa Facultad Abierta de la Universidad de Buenos Aires o la red internacional  de activistas Workerscontrol, pero, sobre todo, íntimamente relacionado con una realidad efectiva que sustenta todo un nodo de posibilidades en la dinámica de la transformación social: las empresas recuperadas que, hoy en día, se extienden ya por buen aparte de América Latina e, incluso, más allá.
                Hablo de una vibración de lo real, porque el Encuentro no es tan sólo una sucesión de paneles de alta calidad, en la que expositores de ámbito global, cuentan sus experiencias o abren debates necesarios, sino que además, las Jornadas implican una convivencia, un compartir espacios, músicas, anhelos. Junto a las salas donde se celebran las conferencias y las mesas redondas, están también los lugares donde se convive, y donde los compañeros del restaurante recuperado bonaerense Los Chanchitos, tras la plétora de  debates y actividades y con el permiso de la propietaria del hostal, asan un cerdo comprado entre todos  para el deleite de los presentes.
                Pero volvamos al Encuentro: en esta ocasión han participado cientos de personas provenientes de cerca de 20 países, desde Sudáfrica a la mayor parte de las naciones de América Latina. Hay que resaltar, además, que la representación europea ha sido la mayor que hasta la fecha se ha dado en este tipo de Encuentros Internacionales: estuvieron presentes, junto a quien escribe estas líneas (único representante de la Península Ibérica), los delegados de las recuperadas italianas Officine Zero y Rimaflow, así como de la Asociación Autogestión y del sindicato Solidaires de Francia, de donde también acudieron representantes de la Fabrique Du Sud, un emprendimiento recuperado en Carcasonne, dedicado a la fabricación de helados.
                Latinoamericanos de recuperadas como la Cooperativa 19 de diciembre, el periódico de Villa María, la imprenta Chilavert (todos ellos de Argentina), trabajadores de la fábrica recién recuperada Brahma (en Venezuela), académicos mexicanos, brasileños, trabajadores uruguayos, chilenos, wobblies venidos de los Estados Unidos, de donde también vino un representante de una fábrica recuperada de Chicago…Estos Encuentros dan fe de la existencia de una alternativa real al neoliberalismo, así como de los afanes y del incansable trabajo de las personas de buena voluntad a través del Globo.
                Mientras el Capital se desgañita por sobrevivir a la crisis multidimensional que ha desatado, mientras la devastación avanza sobre las amarguras del capitalismo senil, en todas las partes del globo, los trabajadores y trabajadoras tratan de poner en funcionamiento una nueva forma de producir, las bases de una nueva arquitectura global.
                El hilo conductor es la autogestión, es decir, que los propios productores sean dueños de decidir sobre su propio trabajo y dirijan, ellos mismos, las actividades productivas.
                Un alternativa que está labrando su propio camino más allá de los rutilantes centros mediáticos, un camino que se construye desde los consejos comunales venezolanos a los asentamientos del Movimiento de los Sin Tierra brasileño, desde las iniciativas que mantienen la llama libertaria, actualizándola a nuevos tiempos, en América Latina, como la Biblioteca Popular José Ingenieros de Buenos Aires, hasta los programas combativos de radios comunitarias como La Boca FM, en la capital argentina, o Al Son del 23, en Caracas.
                Solidaridad que traspasa las fronteras, pero no sólo las nacionales, sino también las ideológicas, de raza, de género…Gentes del marxismo revolucionario, del peronismo más popular, del chavismo de comuna y de consejo de trabajadores, del cristianismo de base, del ecologismo social y algún que otro que  nos la dábamos de libertarios aperturistas y no dogmáticos.
                El nuevo socialismo se está construyendo, en estos inicios del siglo XXI, desde estas atalayas, en esta mixtura impura y mestiza, en este eco de voces plurales y creativas. Donde ya no hay una verdad de repetición e imitación acrítica, sino una búsqueda insomne, una dinámica de prueba y error sobre la base de la cooperación y la solidaridad, una atención a las raíces que no es dogma sino nutrición, un anhelo de lo nuevo que no es superficial seguidismo delas modas, sino intento de mejora y construcción colectiva.
                Y la solidaridad es algo más que una palabra, en estos Encuentros, como lo demuestra la iniciativa de los trabajadores de la empresa recuperada argentina Textiles Pigüé, de colaborar para la concreción de una cadena productiva que vincule productores de algodón argentinos con trabajadoras que confeccionan prendas de vestir en la región de la península de Paraguaná, en el estado venezolano de Falcón.
                Una red internacional que también está contribuyendo a generar un nuevo discurso, como prueba la puesta en marcha de la colección de libros “La Economía de los Trabajadores”, por parte de Ediciones Continente-Peña Lillo (Argentina) en estrecha colaboración con el programa Facultad Abierta de la Universidad de Buenos Aires dedicado a las empresas recuperadas. En esa colección, confeccionada físicamente incluso por imprentas recuperadas, podemos encontrar autores del todo el Globo, y debates sobre la autogestión, la narración de historias de empresas concretas (como Textiles Pigüé) o volúmenes imprescindibles para conocer las transformaciones del trabajo, tanto en el Centro como en la Periferia del sistema global.
                Hay algo nuevo que se mueve bajo la superficie, que ocupa los intersticios, los “poros” del sistema global del Capital. Es el hálito de los pueblos y los trabajadores, que empiezan a levantar sus propias alternativas y a romper la costra de desesperanza con la que el neoliberalismo quería sepultarles.
               
                José Luis Carretero Miramar.










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