martes, 26 de agosto de 2014

Las brújulas de Autonomía Sur, Sociedad Cooperativa Andaluza

Desde Autonomía Sur (www. autonomiasur.org) trabajamos con el objetivo, entre otros, de hacer real una nueva Economía Social y Solidaria (ESS) de carácter autogestionaria y transformadora. En este espacio vamos a ir enmarcando nuestra actividad diaria en conocimientos, ideas y saberes que nos sirvan de brújula.
brujula

Brújula 7
“La economía solidaria es apenas un brote, pero en expansión. Se trata de un proyecto alternativo de transformación de la realidad dominante, a través de cooperativas, asociaciones, uniones diversas. En ésta, la economía se solidariza y la solidaridad se economiza, y al solidarizarse, la economía se vuelve política, democrática, y se compromete con el bien común. Va más allá del acto caritativo y permite autogestionar colectivamente la casa común, el famoso oikos aristotélico”.
Fuente: Guillermo Díaz.

Brújula 6
“Si el cooperativismo es un sistema en el que los dueños de las empresas son los usuarios de las mismas, como productores o consumidores, ¿sería el cooperativismo una vía para que Andalucía sea dueña de sus recursos y actividades económicas y los dirija a satisfacer las necesidades prioritarias de los andaluces en materia de empleo, de vivienda, de alimentación, etc.? Si las cooperativas son empresas democráticas, responsables y solidarias, ¿sería el cooperativismo una vía para que haya en Andalucía más democracia, más responsabilidad y más solidaridad? Si las cooperativas son asociaciones en las que unen sus esfuerzos hombres y mujeres de los grupos sociales dominados y explotados, ¿sería el cooperativismo una vía para que no haya en Andalucía tanta dominación y tanta explotación?”.
Fuente: Maxime Haubert, 1984. Tomado de un estudio sin publicar del profesor Carlos Arenas Posadas.

Brújula 5
“Mercado social: Red estable de intercambios de bienes y servicios entre empresas solidarias, personas consumidoras responsables y personas ahorradoras-inversoras éticas que, con estos intercambios, terminan cubriendo una parte significativa de sus necesidades.”
Fuente: Setem. Revista 21.

Brújula 4
“El cambio es insoslayable, ahora bien, la cuestión es hacia donde se dirigirá ese cambio: hacia una estructura social cada vez más autoritaria y hacia una economía de la desigualdad extrema y de la extensión de la pobreza; o hacia una economía igualitaria, participativa y democrática, donde la ciudadanía pueda decidir libremente cómo generar y hacia donde derivar los recursos entre todos”.
Fuente: José Luis Carretero

Brújula 3
“Economía solidaria autogestionaria: experiencias colectivas donde no se reproduce la división entre empleado y empleador; conjuntos de emprendimientos económicos asociativos en los que el trabajo, los resultados económicos, la propiedad de los medios, el poder de decisión y los conocimientos acerca de su funcionamiento son compartidos solidariamente por todos lo que de ellos participan”.
Fuente: Pablo Guerra.

Brújula 2
“Frente a los efectos devastadores de una mundialización depredadora en términos sociales, humanos y ecológicos, se está imponiendo una nueva economía que lleva consigo nuevas relaciones sociales y una relación privilegiada con el planeta. Algunos autores hablan de una necesaria transición desde un modelo único globalizado basado en el crecimiento económico y fundado en un endeudamiento cada vez más elevado, así como en el saqueo de los recursos naturales hacia una federación descentralizada de economías sociales y ecológicas”.
Fuente: socioeco.org

Brújula 1
“El control colectivo del excedente en la economía solidaria crea las bases para reducir las marcadas desigualdades que caracterizan a la sociedad capitalista.”
Fuente: Blanca Lemus y David Barkin, Universidad Autónoma, México

Economía Directa: 25-8-2014: ¿Hacia una nueva guerra fría?

Hoy hablamos sobre el conflicto entre Estados Unidos y Rusia desde las perspectivas geopolítica, estratégica y de crisis de recursos con especial atención al conflicto en Ucrania y el papel que desempeñan los medios de comunicación masivos. Con José Luís Carretero, Jaime Garo y Antonio Rosenthal. Conduce Juan Carlos Barba.


lunes, 25 de agosto de 2014

Juventud y trabajo formativo, ¿qué está pasando?

Artículo escrito para la iniciativa Precarity and Youth: http://precarityandyouth.org/

Según el Informe Conjunto sobre el Empleo de la Unión de 2013 la gigantesca crisis socioeconómica que estamos viviendo se ha cebado con enorme crudeza en la juventud europea. En septiembre de 2013, el Informe daba cuenta de tasas de desempleo juvenil (es decir, de los menores de 30 años) que iban del 7,7 % en Alemania o el 8,7 % en Austria, hasta el 56,5 % en España y el 57,3 % en Grecia. Al tiempo, se afirmaba que entre 2008 y 2011 la tasa de jóvenes europeos de 15 a 24 años que ni trabajaban ni estudiaban había aumentado en dos puntos porcentuales, hasta el 12,9 %, cifra que en países como Chipre, Croacia, Rumania, Irlanda, España, Italia y Bulgaria, se encontraba entre el 16 y el 23 %.
Frente a estas realidades las instituciones de los países miembros han respondido con continuas y, en muchos casos, profundas reformas laborales, caminando en la estela de una creciente flexibilidad en cuanto a los despidos y las condiciones básicas de trabajo. Asimismo, se han facilitado las formas de contratación temporal y a tiempo parcial en la mayor parte de los países de la Unión, se han introducido novedades en torno a la negociación colectiva que favorecen las aspiraciones patronales, y se han implementado rebajas y congelaciones de salarios que han implicado una evidente pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores.
Hemos de tener en cuenta que el llamado modelo europeo (o “modelo social”) de relaciones laborales ya había quebrado antes de la crisis. La conformación del Derecho del Trabajo como uno de los pilares fundamentales, junto a la democracia parlamentaria y el Estado del Bienestar, de las sociedades centrales del Continente viene siendo desdibujada en los últimos decenios por procesos paralelos de flexibilización de las normas, desregulación, descentralización productiva, sustitución de la negociación colectiva por la individualización de las relaciones de trabajo y conformación de novedosos marcos normativos funcionales a las necesidades empresariales.
El corazón de estos procesos ha sido estructurado en la forma de segmentación de la fuerza de trabajo y dualización de los mercados laborales, mediante la explosión incontrolada de formas de contratación “atípica” y precaria (a tiempo parcial, temporal, en misión, específica para colectivos concretos…); los procesos de descentralización acelerada sobre contratas y subcontratas, falsos autónomos, empresas de contratación temporal, etc.; la descomposición del modelo de gestión de las relaciones laborales basado en la negociación colectiva y el contrapoder sindical; y la irrupción, cada vez con más importancia relativa, de bolsas de actividad más o menos desregulada fronterizas entre el Derecho del Trabajo y otros ordenamientos conexos, como el trabajo para-subordinado o la formación empleo, de la que vamos a hablar en este texto.
Las llamadas “zonas grises” son los espacios fronterizos entre las formas de trabajar reguladas por el Derecho del Trabajo (y que, por tanto, pueden reclamar los derechos y condiciones que el mismo comporta) y las reguladas por otros ordenamientos distintos.
Un ejemplo paradigmático de zona gris ha sido la constituida por el llamado trabajo “para-subordinado”, un trabajo formalmente autónomo, y por tanto ajeno al Derecho del Trabajo, pero que se encuentra sometido, en la sustancia fáctica de la realidad, a los mecanismos de mando de una cadena de valorización empresarial concreta. Así, el autónomo contratado, por ejemplo, como transportista por una gran multinacional de la distribución, puede verse, al mismo tiempo, como un pequeño “empresario de sí mismo” que tiene plena independencia, y como un sujeto sometido férreamente a los tiempos, las modalidades y las órdenes derivadas de la organización cliente.
De hecho, la contratación de trabajadores como “falsos autónomos”, que carecen de los derechos derivados del Derecho del Trabajo por pagarse ellos mismos sus cotizaciones sociales y figurar como empresarios individuales, pero que en la realidad trabajan con plena dependencia y ajeneidad respecto de las empresa supuestamente “cliente”, ha sido una de las formas esenciales en que se han expresado los procesos de descentralización productiva contemporáneos.
Ello ha llevado a una encendida disputa en torno a su regulación mediante instrumentos legislativos novedosos como la Ley del Estatuto del Trabajador Autónomo del 2007, que instituye la figura del llamado “Trabajador autónomo económicamente dependiente” (TRADE) referida al autónomo que, además de otras condiciones concretas, tenga un 75% de su facturación anual con un solo cliente y la regula con una normativa que le asemeja (aún muy tímida y cicateramente) al trabajador por cuenta ajena.
Pues bien, lo cierto es que en los últimos años asistimos al rápido desarrollo de una nueva zona gris, o más bien a la ampliación de una zona gris que ya existía desde hace algunas décadas, pero que se ha extendido en su amplitud y en sus narrativas legislativas: la zona de nadie existente entre el trabajo y la formación.
Nos explicaremos: si bien las becas universitarias y de investigación han sido un mecanismo cada vez más extendido en las últimas décadas que ha permitido utilizar trabajo altamente cualificado sin retribuirle ni asociarle los derechos y las prestaciones sociales que le hubieran correspondido conforme al Derecho del Trabajo general, en los últimos años dinámicas muy parecidas están diseminándose por el conjunto social, alcanzando a sectores de trabajadores de cualificación media (caso de la Formación Profesional) o prácticamente inexistente.
Así, junto a las prácticas puramente académicas y a las becas ofrecidas por todo tipo de entidades, públicas y privadas, para que los estudiantes y titulados realicen un “primer contacto” (que tiende a alargarse y transformarse en una forma más de precariedad) con el mundo laboral, se han popularizado, también, otros tipos de prácticas no laborales (es decir, no protegidas por el Derecho del Trabajo), pero desvinculadas de los programas formativos de la enseñanza reglada.
Si nos centramos específicamente en el Derecho español, encontramos la reciente explosión de todos estos tipos legislativos de prácticas “no laborales”.
  • Las prácticas en empresas de los estudiantes universitarios, amparadas en el Real Decreto 1791/2010 del Estatuto del Estudiante Universitario, que han de tener vinculación con los estudios que se estén realizando, y han de configurarse conforme a un convenio específico entre la Universidad y la entidad que corresponda. Las mismas pueden ser retribuidas o no. Si lo son, el estudiante debe ser dado de alta en la Seguridad Social, de las misma manera que si tuviera un contrato laboral para la Formación y Aprendizaje, salvo que no se tiene acceso a la prestación por desempleo.
  • Las prácticas en las empresas de los estudiantes de la Formación Profesional reglada. Según el Real Decreto 1147/2011 de ordenación general de estas enseñanzas, todos los ciclos formativos de FP incluyen un módulo de Formación en Centros de Trabajo (FCT) que consiste en un período de prácticas, normalmente no retribuidas, en una empresa del sector. Los nuevos tipos de FP que se están diseñando y empezando a implantar mediante programas piloto, como la llamada Formación Profesional Dual (para los ciclos de Grado Superior) o la Formación en Centros Trabajo ampliada (para los ciclos de Grado Medio) aumentan enormemente este periodo (hasta el año de duración, normalmente), con efectos de restricción de las plantillas de profesionales docentes. La FCT de la FP Dual se retribuiría, en principio, de forma claramente precaria en la forma de una beca sin acceso a protección por parte de la Seguridad Social. Estos modelos (FP Dual y FCT Ampliada) están siendo probados con distintos diseños por varias Comunidades Autónomas.
  • Prácticas no laborales en las empresas de jóvenes desempleados entre 18 y 25 años, que posean una titulación universitaria o de FP o un certificado de profesionalidad. Las empresas que ofrezcan estas prácticas deben suscribir un convenio con el Servicio Público de Empleo competente. Tendrán una duración entre tres y nueve meses. Se percibe una beca del 80% del IPREM, y los becados cotizan a la Seguridad Social salvo para el desempleo.
Junto a estas formas de becas no laborales, subsisten y se popularizan las formas de contratación precaria vinculadas a la formación en el seno del Derecho del Trabajo. Nos referimos a los contratos de prácticas (para los trabajadores titulados o con un certificado de profesionalidad) o de Formación y Aprendizaje (para quienes no tengan una formación reglada o equivalente, que les habilite para el oficio en el que van a empezar a trabajar). Formas de contratación que incorporan derechos menguantes para los trabajadores (tanto en lo que respecta a la retribución a cobrar, como en lo que tiene que ver con las prestaciones de Seguridad Social) y una sustancia eminentemente precaria, y que se han visto modificados en las últimas reformas laborales y en leyes conexas, para facilitar y ampliar su uso, incluso respecto de trabajadores que hayan superado la edad juvenil.
Asimismo, el ámbito universitario sigue repleto de formas variadas de trabajo de becarios de investigación y semejantes, ajenas, en sus primeros años, a la contratación laboral, y con una errática regulación en lo que respecta a la Seguridad Social
Así pues, un nuevo mecanismo de precarización de la experiencia laboral asalariada se está desplegando ante nuestros ojos, bajo el paraguas de dar formación suficiente a los jóvenes, mientras, al tiempo, se producen recortes y ajustes en los sistemas educativos públicos. Un mecanismo que permite, al tiempo, hurtar a las estadísticas del desempleo una cantidad creciente de jóvenes que no por ello tienen un puesto de trabajo real (es decir, con derechos), acostumbrar a la precariedad a las nuevas generaciones, captando el caudal de conocimientos y energías de la juventud para transmutarlo en plusvalor (en confluencia con otras dinámicas como la legalización de las dobles escalas salariales o la ampliación de los períodos de prueba en el contrato “para emprendedores”), forzar a los trabajadores que aún tienen derechos a una competencia exacerbada que presenta como un problema generacional lo que es una ofensiva patronal en toda regla contra el conjunto de la clase trabajadora, y construir un marco salarial y de condiciones de trabajo futuro que pueda permitir edificar una Europa convertida en una plataforma competitiva en el mercado global de espacios funcionales para la ubicación de las “maquilas” transnacionales o para la valorización inmobiliaria y financiera.
En esas condiciones, la experiencia formativa, ajena al contexto de la escuela pública y la fundamentación pedagógica, pierde profundidad, polivalencia y sentido crítico. Se está al albur de un buen tutor (pero podría ser malo, ya que nadie le ha formado para serlo), se aprende únicamente lo referido a una estructura empresarial específica (a manejar un software concreto, por ejemplo, distinto del de la competencia), y se fomenta la interiorización de formas de relación intersubjetiva basadas más en la adaptación a los humores empresariales que en la sana y seria profesionalidad.
La juventud (y no sólo la universitaria) encara una vivencia laboral cada vez más discontinua, lábil y disfrazada de experiencia necesaria para su formación humana y personal. El “empresario de sí mismo”, la figura retórica en la que el mundo globalizado quiere que se subsuma la subjetividad proletaria, es responsable de su propia formación, lo que implica obtenerla más allá de la estructura institucional de la escuela pública, mediante el ejercicio para-laboral, en condiciones de precariedad, y normalmente en la gran empresa. Tras unos años agradecido por la emergente posibilidad de “formarse”, el joven trabajador puede empezar a ver que esa rueda, supuestamente liberadora, no tiene final, y que su única expectativa creíble es someterse a la precariedad continua y a la imposibilidad de edificar proyectos de vida coherentes.
Construir alternativas y contrapesos a ese proceso es una necesidad colectiva, una posibilidad problemática, pero acuciante, en la que se juegan muchas tempestades del mañana. Habrá que plantear alternativas, como un salario mínimo suficiente y ampliado o la reversión de todo el proceso de flexibilización laboral de las últimas décadas. Habrá, también, que plantearse el inicio de un proceso decidido de transformación social que, poniendo a los trabajadores en el centro de los lugares de toma de decisión empresarial y fomentando una economía social y ambientalmente sostenible, permita ensayar una salida progresiva del capitalismo.

José Luis Carretero Miramar. Miembro del Instituto de Ciencias Económicas y de la Autogestión (ICEA)



miércoles, 20 de agosto de 2014

Trabajo sin patrón en Europa (por Alioscia Castronovo y Elisa Gligiarelli, en el periódico Diagonal)

De Francia a Grecia, cuatro experiencias de recuperación de fábricas en Europa muestran que se puede trabajar sin patrones.

Marsella

Fralib: el elefante victorioso
Hay un elefante en Francia que se ha transformado recientemente en un símbolo de lucha. Es el elefante que aparece en el logo de un té muy conocido en la región, producido desde hace 120 años en una fábrica, de nombre Fralib, situada en el área metropolitana de Marsella, a 20 kilómetros de la ciudad. La multinacional Unilever, dueña de la marca Thé Éléphant y también del té Lipton, decidió en septiembre de 2010 cerrar la fábrica y trasladar la producción a Polonia, en busca de mano de obra más barata.
182 trabajadores se quedaron en la calle. Pero reaccionaron rápidamente y ocuparon la fábrica. Desde allí empezaron a reivindicar, apoyados por los sindicatos, no sólo los salarios que les debían, sino también el derecho a mantener sus puestos y a autogestionar la producción. Unas medidas acompañadas de una campaña de boicot a la transnacional.
El 26 de mayo de 2014, tras más de 1.336 días de protestas y de ocupación de la fábrica, los trabajadores de Fralib obtuvieron una victoria histórica en la batalla legal contra Unilever, la cuarta empresa alimentaria más grande del mundo.
Aunque Fralib no pudo conservar la marca Éléphant, en el mes de julio los trabajadores lograron por fin retomar la producción del té y de las infusiones de hierbas. Además, consiguieron que Unilever los indemnice con 20 millones de euros por los daños causados por el cierre de la fábrica. Con este impulso, los 60 integrantes actuales de Fralib volvieron a sus puestos de trabajo en la fábrica, esta vez bajo control obrero. Ahora no sólo trabajan sin patrón, sino que han reem­plazado los aromas químicos por productos naturales y orgánicos provenientes de cooperativas de productores locales, en el ámbito de la economía solidaria y alternativa.
“Éste es un proceso que no tiene vuelta atrás”, dice Rima, obrera de Fralib desde hace varios años. Empezó a trabajar con contratos precarios. Ahora es integrante de pleno derecho en la cooperativa. “Desde que empezamos esta lucha, nos hemos dado cuenta de que estamos en una etapa muy importante con respecto a nuestra libertad como trabajadores y ciudadanos; hemos necesitado mucha fuerza, mucha energía, pero ahora tenemos que seguir adelante, sin detenernos ni tener miedo”, concluye Rima.

Estambul

Kasova: “No es sueño, es necesidad”
La ciudad de Estambul ha vivido un año de movilizaciones multitudinarias a partir de las resistencias del movimiento en defensa del parque Gezi, de los sindicatos combativos y de muchas otras experiencias de lucha en contra del autoritarismo del Gobierno, la explotación laboral, la especulación inmobiliaria o la expropiación de los bienes comunes. La historia de los obreros de la fábrica Kasova se ha desarrollado en este contexto, convirtiéndose en la primera fábrica recuperada en Estambul desde los años 70. Esta experiencia ha evolucionado en profunda relación con otras experiencias, entre ellas la de la fábrica ocupada Greif, desalojada por la policía el pasado mayo, o el periódico Karsi, ocupado y autogestionado por sus trabajadores.
La Diren Kasova (Kasova Resiste) se encuentra en Osmanbey, un barrio textil con una fuerte tradición de lucha obrera, cerca de la plaza Taksim y del parque Gezi. En los últimos seis meses de vida de esta fábrica textil, el antiguo dueño empezó a bajar los salarios, a despedir trabajadores y a reducir el volumen de producción. Cuando en 2013 la plantilla descubrió los planes del patrón, decidió tomar la fábrica y defender las máquinas, enfrentándose y resistiendo a la presión policial, a un intento de desalojo y a varias amenazas durante las noches de toma.
Los obreros han suplido la falta de experiencia sindical con la solidaridad de los vecinos y de varios grupos políticos. “En los meses de lucha se han construido conexiones con los vecinos, que se dieron cuenta de las amenazas de desalojo y empezaron a visitar la fábrica durante la toma. Al mismo tiempo, la relación con el forum [asamblea] barrial ha ido creciendo en intensidad. Todo esto ha sido clave, desde el principio, para el éxito de la lucha”, nos cuenta Bulent, uno de los integrantes de Kasova. “Sin salarios y sin ningún tipo de indemnización, fueron momentos muy difíciles”, dice. La solidaridad y el apoyo popular, en particular de los forums, asambleas barriales surgidas desde el movimiento de Gezi, junto a la determinación de la plantilla de Kasova, fueron determinantes.
Actualmente, los obreros de Kasova luchan para que les devuelvan las máquinasque consiguieron llevarse antes de la quiebra definitiva de la fábrica. La necesidad de empezar a producir para garantizar ingresos para los integrantes de la cooperativa es un tema vital, una urgencia económica, pero también política: demostrar que es ­realmente posible producir sin patrones, en el marco de la autogestión.
“Queremos empezar una campaña política para que nos reconozcan el derecho a producir sin patrón –dice Bulent–. Queremos reducir el horario de trabajo, mejorar nuestras condiciones de vida, trabajar de manera autogestionada: sabemos que no es fácil, pero queremos intentarlo. No es un sueño, es la necesidad de mantener un puesto de trabajo para sobrevivir de manera digna”.

Salónica
Trabajo sin patrón en Vio.Me
En Salónica, ciudad industrial del norte de Grecia, hace casi dos años que se de­sarrolla una historia que se ha convertido en referencia obligada en toda Europa. Es la historia de una fábrica abandonada por sus dueños, enseguida olvidada por el Estado y el Gobierno, ignorada por el sindicalismo burocrático. En esta fábrica, como en muchas otras de Grecia y el sur de Europa, los trabajadores fueron despedidos cuando la empresa entró en quiebra. En 2011, los trabajadores de Vio.Me, reunidos en asamblea general, decidieron tomar la fábrica y gestionarla ellos mismos. La fuente de inspiración fueron, una vez más, las empresas recuperadas argentinas.
“Gracias a la solidaridad pudimos recuperar lo nuestro, la dignidad de nuestras familias, y seguir con pasión y fuerza en nuestra lucha”, dice Makis, uno de los trabajadores de Vio.Me. Al igual que en el caso de Argentina, la recuperación de esta fábrica de materiales de construcción hubiera sido imposible sin las redes de apoyo y solidaridad de ciudadanos y movimientos sociales. 
Los trabajadores de esta fábrica afirman que es necesario pensar la producción en relación a las necesidades sociales. En primer lugar, en relación a las necesidades de la plantilla, no sólo las económicas, sino también pensando en la sostenibilidad del ritmo de trabajo, la seguridad, las relaciones sociales entre ellos. La producción también debe estar pensada en relación a las necesidades de la comunidad, de los grupos de apoyo de la fábrica, de los vecinos. Y también del medio ambiente: hace más de un año, Vio.Me inició la producción de detergentes ecológicos. La fábrica recuperada, afirman los trabajadores, es un patrimonio común, no pertenece ni a un patrón ni a los obreros, sino que es “parte de una lucha mas grande”.
El proceso de autogestión se concreta a través de prácticas cotidianas de democracia directa, basadas en la participación del conjunto de los integrantes de la cooperativa en la toma de decisiones. “Cada día nos encontramos en la fábrica y decidimos en asamblea durante la primera hora de trabajo las actividades del día”, nos cuenta Dimitris, otro trabajador de Vio.Me, “y una vez al mes tenemos la asamblea general de todos los integrantes de la cooperativa, en la que tratamos todos los temas de gestión, producción y las cuestiones políticas en conjunto”. Entran a trabajar a las 7h y salen a las 15h. “Estábamos acostumbrados a trabajar para otros. Ahora lo hacemos para nosotros”, dice Alexandros, otro trabajador de Vio.Me.
Dominga Colonna, Cowoz, Officine Zero

Roma y Milán

Recuperando Officine Zero y Ri-Maflow
En Italia existen muchas experiencias que consiguieron gestionar de forma diferente la producción, reinvertir las ganancias y transformarse en cooperativa. Pero destacan dos experiencias innovadoras surgidas de las resistencias contra las políticas neoliberales: Officine Zero, en Roma, y Ri-Maflow, en Milán.
El proyecto de reconversión de Officine Zero surgió de la lucha llevada a cabo en la fábrica RSI, un taller de reparación de ferrocarriles situado en el barrio de Casalbertone, a un kilómetro de Tiburtina, la nueva estación de los trenes de alta velocidad de la capital. La fábrica quebró en 2011 por la crisis del sector ferroviario público y por la deficiente gestión de los propietarios, que paulatinamente habían bajado la producción y despedido a buena parte de la plantilla.
El 20 de febrero de 2012, los últimos 33 obreros despedidos decidieron tomar la fábrica exigiendo el pago de sus salarios. Durante esta lucha consiguieron un fuerte apoyo de las redes barriales, de los centros sociales ocupados y del movimiento estudiantil. La fábrica se abrió a la sociedad y empezó un proceso político asambleario llamado la “idea loca”, un proyecto de lucha y trabajo en común entre diferentes sectores laborales, a partir del apoyo a la lucha obrera contra la patronal y con el objetivo de crear un proceso de recuperación del espacio de forma colectiva y cooperativa.
El resultado de estas asambleas es el proyecto Officine Zero –“cero explotación, cero patrones y cero contaminación”–, basado en la recuperación de la fábrica y su reconversión productiva en base a diferentes proyectos laborales cooperativos. Lo que une estas experiencias diferentes es la búsqueda de otro modelo de relaciones sociales y laborales, basados en la autogestión y la cooperación.
La construcción de una alternativa concreta se articula entre varios proyectos de la fábrica: talleres artesanales, un proyecto de reutilización y reciclaje de las máquinas que han sido recuperadas y reactivadas por los antiguos obreros de la fábrica y nuevos integrantes del proyecto y un espacio de common working. Además, hay una ‘casa’ estudiantil autogestionada y un comedor popular. Otro proyecto surgido en la fábrica es la Camera del Lavoro Autonomo e Precario, con asistencia legal gratuita como forma de experimentación del sindicalismo metropolitano, organizado desde abajo y basado en la solidaridad, la lucha común y la conexión entre trabajadores precarios.
El mismo tema de la reutilización y el reciclaje es fundamental también en el proyecto de otra fábrica recuperada en Italia, la Ri-Maflow, de Trezzano sul Naviglio, cerca de Milán.Esta fábrica fue tomada por los obreros para evitar el vaciado de las instalaciones y que se llevaran las máquinas. La mayoría de los obreros despedidos participan en la cooperativa y han abierto la fábrica a la comunidad a través de la feria de segunda mano, que se ha transformado en un espacio fundamental de la economía solidaria a nivel territorial.

Nexos entre las fábricas recuperadas

En el último año, se han producido dos momentos de encuentro para construir un espacio político de conexión, debate y solidaridad entre las fábricas recuperadas europeas. El primero se produjo en noviembre de 2013, en Roma, en el encuentro Agora99. El segundo, en la fábrica recuperada Fralib, en enero de 2014, donde obreros de empresas recuperadas, activistas, militantes e investigadores de Europa y América Latina se reunieron para conectar experiencias y analizar los límites y los desafíos de nuevas experiencias de sindicalismo de base, imaginando la construcción concreta de redes de solidaridad para fortalecer la autogestión.
Con el nombre de Encuentro regional euro-mediterraneo de Economía de los trabajadores, se generó un espacio de debate, investigación e intercambio impulsado por el programa Facultad Abierta de la Universidad de Buenos Aires y su director Andrés Ruggeri, en donde participaron obreros, activistas, investigadores desde Europa y América Latina. En estos días fue presentada por Darío Azzellini la página web sobre control obrero workerscontrol.net. El próximo, encuentro internacional será en Venezuela en julio 2015.

La tercera edad de oro de la autogestión (por Martín Cuneo, en el periódico Diagonal)

Las empresas que se convierten en cooperativas para evitar la quiebra son una muestra de lo que el abogado José Luis Carretero llama la “tercera edad dorada de la autogestión”.
La primera, como no podía ser de otra forma, se produjo durante la Guerra Civil, señala este integrante del Instituto de Ciencias Económicas y de la Autogestión (ICEA). Tras el inicio del conflicto, en las zonas republicanas, las organizaciones obreras tomaron cientos de establecimientos productivos, en especial los que pertenecían a empresarios de­safectos a la República. “Las colectivizaciones abarcaron a millones de personas y pusieron en manos de los campesinos y trabajadores buena parte de los medios de producción”, cuenta Carretero.
Tras el paréntesis del Franquismo, la Transición marcó una nueva edad dorada de la autogestión, dice Carretero. En 1978, el recién creado Sindicato de Obreros del Campo (SOC) realizaba la primera ocupación de tierras, que duraba más de dos días, tras el final de la Guerra Civil. “En la Transición hay una recuperación de todo lo que representa el movimiento obrero de base y asambleario, las Comisiones Obreras –al menos en su origen– y expresiones del movimiento autónomo, sobre todo en Catalunya. Y en el seno de todo este movimiento, se producen tomas de fábricas”, cuenta Carretero. Noticias de empresas recuperadas por sus trabajadores tras largas luchas, como Mol-Matric, que actualmente produce chasis para el metro de Barcelona, la imprenta Gramagraf o la empresa de electrodomésticos Numax, a la que el director Joaquím Jordádedicó dos documentales, fueron habituales hasta mediados de los 80.
La lucha de la editorial Bruguera, una de las más grandes de la época, ejemplifica el fin de esta época ‘dorada’ y el nexo con la siguiente. Paco Hernández vivió como trabajador el cierre de la empresa en 1986: “Ahí es cuando se plantea la batalla definitiva: CC OO y UGT se venden y dicen que no se puede hacer nada. Mientras estaban firmando esto en las cocheras de Sants, nosotros, un grupo de 80 trabajadores, ocupábamos la fábrica”. Después de más de un mes de resistir en las instalaciones, los trabajadores ganaron un juicio en el que se les reconocía parte de sus demandas. “Los sindicatos pactaron 20 días con un tope de 12 años, aunque una persona llevara 40 años en la empresa. Pues a nosotros nos dieron 45 días sin tope de años. Imagínate la diferencia”, cuenta Hernández.
Como forma de agradecer todo el apoyo recibido, una buena parte del dinero que obtuvieron de las indemnizaciones lo destinaron a proyectos sociales. Una tercera parte de esos fondos fue a parar al SOC. Otra tercera parte, a la revolución sandinista. Otra tercera parte, a lo que llamaron “caja de resistencia cooperativa” para generar empleo autogestionado. “Ya por entonces habíamos decidido que nunca más íbamos a trabajar para el capitalismo, que debíamos generar nuestros puestos de trabajo a través de cooperativas, a través de la autogestión”, recuerda Hernández. En 1995, esa caja de resistencia se convirtió en la cooperativa de crédito Coop57, uno de los actuales pilares de las finanzas éticas en España.

La tercera era

Tras años de “desencanto político, de despolitización y de abandono de los movimientos de transformación social”, la crisis y el 15M han sido, para Carretero, desencadenantes de una vuelta a los repertorios de la autogestión. “Aunque nunca se perdieron del todo, en los últimos años se ha producido un auge de las luchas sociales y vecinales, con todo lo que ello conlleva. Al calor del 15M, todo esto, que nunca había de­saparecido, llega a los barrios, a sectores de población que antes no sabían nada de eso o lo habían abandonado”, dice.
Para Nuria del Río, de la Red de Economía Solidaria (REAS), ninguna de las grandes apuestas actuales de la economía social, como Coop57, REAS, las cooperativas de energía, de comunicación o los distintos mercados sociales que han surgido en Catalunya, Madrid, Valencia o Aragón, han nacido a causa de la crisis, sino que se venían gestando de antes. Precisamente, el “tener hechos los deberes” ha colocado a la economía social en una posición de ventaja: cuando explotó, la crisis “le sopló por la espalda”.
En 2010 nació Som Energía, con la intención de disputar desde la economía social un terreno antes exclusivo de los gigantes energéticos. En 2012, ya contaban con 4.000 socios. Dos años después, en 2014, ya eran 15.270 las personas que participaban en esta cooperativa. Un crecimiento que también ha afectado a las finanzas éticas. En 2007, los socios de la coope­rativa de crédito ­Coop57 habían aportado 3,4 millones de euros. En 2014, la cifra había superado los 21 millones de euros.
“El impulso del 15M ha generado que haya una reactivación de gente que está dispuesta a poner sus ahorros en la banca ética, a cambiarse de compañía, a poner su tiempo y conocimiento al servicio de estas iniciativas, a hacerse consumidora de monedas sociales, ferias, o nuevas redes tecnológicas. Ha sido como un despertar”, dice Nuria Del Río.
Ante los recortes y la gestión neoliberal de la crisis, el recurso al “hazlo tú mismo” recorre una amplia gama de modalidades: desde las empresas cooperativizadas a los cines cerrados reabiertos con cuotas de socios, como los CineCiutat de Palma, los cines Zoco de Majadahonda o el cine Variedades de El Escorial; desde los bloques recuperados por el movimiento por la vivienda para albergar a familias desahuciadas, a los centros de mayores autogestionados, como es el caso de Servimayor, en Losar de la Vega (Caceres), o de Trabensol, en Torremocha del Jarama (Madrid); desde una generación de nuevos centros sociales, a la financiación por mecenazgo de todo tipo de iniciativas sociales, la última, la reconstrucción del centro social Can Vies, que recogió más de 70.000 euros en una campaña de crowdfunding; desde la multiplicación de nuevos medios cooperativos de comunicación, como La Marea, Alternativas Económicas o TM-EX, surgidos de los ERE de grandes cabeceras, a los comedores populares autogestionados o las redes de intercambio de libros de texto.
“Al desatarse la crisis, buscamos una salida, y la salida que nos propone el sistema en su mutación, que se está construyendo, es una salida de desigualdad, de guerras, de hambrunas, de pobreza, una vejez sin pensiones, una economía totalmente volcada a lo especulativo. Frente a todo esto, la gente está buscando otro tipo de salidas”, concluye Carretero.

Fábricas recuperadas en España, ¿por qué no? (por Martín Cuneo, en el periódico Diagonal)

Corría marzo de 1969. De un día para otro, nada menos que la mitad de Torrecilla de Cameros, en La Rioja, unas 144 familias, se vio obligada a emprender un éxodo hacia Viana, en Navarra, donde se había trasladado la empresa de muebles para la que trabajaban. Allí, siete bloques de pisos fueron construidos para albergar a las 640 personas emigradas. Unos pocos años después, Fermín Peña, con apenas 14 años, empezó a trabajar en la empresa. Y lo sigue haciendo ahora, 38 años después. A punto estuvo, junto con el resto de la plantilla, de quedarse en la calle hace dos años, tras el cierre de Muebles Salcedo. Ahora ya no se llama Muebles Salcedo, sino Muebles Viana. Y la empresa es de los trabajadores.
La compañía se había ganado fama de combativa en repetidos ciclos de huelgas. No iba a ser tan fácil terminar con ellos. “Empezaron a decir que las cosas iban mal y los dueños decidieron cerrarla”, cuenta Peña a Diagonal. Al igual que otras 250.000 empresas desde el inicio de la crisis, Muebles Salcedo se veía obligada a echar el cierre.
Las perspectivas para los 132 trabajadores no podían ser peores. “En la época en la que estábamos y con los años que tenemos... había que agarrarse a algo. Si no era ahí, ¿dónde íbamos a trabajar? Salvo dos o tres, todos tenemos ya más de 50 años”, dice Fermín. Con el dinero adelantado que obtuvieron de la capitalización del desempleo, los trabajadores compraron la empresa y la convirtieron en cooperativa.
Una historia que se ha repetido desde el inicio de la crisis, en 2008, con diferentes nombres: Mec10, Profinox, Zero-Pro, El Nou Rals, Tafinox, Curvados Alzania... El número exacto de empresas ‘coope­rati­vi­za­das’ se desconoce, pero todos los que han estudiado el fenómeno coinciden en señalar que son cientos y que cada vez son más. Sólo en 2012, último año del que hay datos, los trabajadores se hicieron con el control de 150 empresas en quiebra o en riesgo de quiebra en Europa. La mitad de ellas se encontraba en España, según la Confederación Europea de Cooperativas de Trabajo.

Empresas ‘cooperativizadas’

“Cuando se habla de fábricas recuperadas, lo que viene automáticamente a la cabeza es la experiencia argentina”, dice Mariana Vilnitzky, periodista de la revista Alternativas Económicas. En España, comenta esta periodista de origen argentino, “existen otras fórmulas”.
Muchas de las empresas cooperativizadas surgen de la capitalización del paro o de las indemnizaciones de los trabajadores despedidos, que deciden hacerse con la empresa. En otras ocasiones, la plantilla pacta con el propietario la transformación de la empresa en una cooperativa para evitar el cierre. Éste fue el caso de Cuin Factory, en Vilanova i la Geltrú (Barcelona), donde el mismo dueño se convirtió en uno más de los miembros de la cooperativa, cobrando lo mismo que todos los demás: 900 euros. En otros casos, los trabajadores víctimas de un ERE crean un nueva entidad y se quedan parte de los clientes o usuarios, como ocurrió con Musicop, una cooperativa creada por los 35 trabajadores despedidos de la Escuela de Música de Mataró (Barcelona), dependiente del Ayuntamiento. La nueva cooperativa no sólo se ha mantenido, sino que ha creado nuevos puestos de trabajo.
“La empresa iba a cerrar y nos agarramos a esto para poder tener trabajo. Y parece que hemos acertado”
A pesar de este auge de empresas cooperativizadas, el fenómeno sigue sin ser significativo en relación a la destrucción de empleo provocado por la crisis. Según comenta Vilnitzky, las consultas para iniciar nuevas cooperativas se han triplicado en muchas comunidades autónomas. Pero a veces es demasiado tarde.“Cuando llegan a preguntar, es porque ya se han comido todo el paro, cuando ya estuvieron buscando y buscando trabajo... Entonces es cuando generalmente empiezan a pensar en armar algo propio. El problema es que cuando llegan a ello ya no tienen forma de financiarlo”, dice. “En Argentina no tienes paro, no tienes nada –continúa– en el momento en que te vas a quedar sin trabajo, la necesidad de luchar por tu puesto de trabajo es mucho mayor. El problema es que todavía en España hay gente que piensa que, si se queda sin trabajo, igual de aquí a unos meses consigue algo”.

Mejores resultados

“Las cooperativas son las que están aguantando mejor la crisis”, afirma a Diagonal Juan Antonio Bernabéu, autor del libro Las cooperativas de trabajo asociado como solución a la reestructuración empresarial en épocas de crisis económica. “Las cooperativas mantienen el empleo, son capaces de generar empleo, de evitar el cierre de empresas. Esto se demuestra con las cifras”, argumenta Bernabéu. Hasta 2013, las cooperativas se habían limitado a destruir empleo con un ritmo ligeramente inferior al resto de empresas, pero el año pasado cambió la tendencia: por primera vez desde el inicio de la crisis, el número total de cooperativas crecía, un 23% más que el año anterior, confirman desde la Confederación Española de Cooperativas de Trabajo Asociado (Coceta).
Bernabéu argumenta que esta mayor resistencia de las cooperativas frente a las empresas tradicionales se debe a que tienen mayor capacidad de adaptación: “No son empresas al uso, son empresas participativas, democráticas, en las que todos los cooperativistas son dueños de la empresa, algo que les permite una agilidad de adaptación que no tiene ninguna empresa estándar”. Una capacidad de adaptación, reconoce, que tiene su reverso oscuro en la autoexplotación y formas muy diversas de entender el cooperativismo, en una gama que va desde empresas de tres empleados hasta un grupo como Mondragón, que en 2012 daba trabajo a más de 80.000 personas.
El motivo último de este crecimiento del cooperativismo y de las empresas ‘recuperadas’, resume Bernabéu, se halla en que se trata de un “modelo que en estos momentos está funcionando mejor que la empresa clásica”. También “de la necesidad de la gente, que no quiere quedarse sin trabajo”. Como el caso de Muebles Viana. “La empresa se iba cerrar... y nos agarramos a esto para poder tener trabajo. Y parece que hemos acertado”, dice Fermín Peña.

¿Hay o no hay fábricas recuperadas?

En España no existen por ahora fábricas recuperadas por los trabajadores que hayan conseguido reiniciar la producción forzando la legalidad. Mucho menos que hayan conseguido, como en el caso argentino –donde existen 300 empresas recuperadas que dan trabajo a 10.000 personas–, que las autoridades expropien a los antiguos dueños para entregar la empresa a los trabajadores. Lo intentó la plantilla de T-Solar en 2013, que mantuvo ocupada esta fábrica de paneles solares de Ourense durante 129 días para evitar un ERE que afectaba a 170 personas. Pero tuvieron que abandonar la lucha cuando el juez ordenó el desalojo. “La ley no les ayuda, los jueces no les ayudan, sobre todo cuando hay grandes inversiones, maquinaria... La mayoría de las veces los trabajadores tienen que empezar de cero”, dice Mariana Vilnitzky.
 

sábado, 16 de agosto de 2014

Terrorismo financiero y legitimación de los fondos buitres (por Bruno Lima Rocha)

Terrorismo financiero y legitimación de los fondos buitres

Bruno Lima Rocha

El caso de la renegociación de valores de los títulos de la República Argentina necesita un análisis en profundidad para entender y hacer la crítica a los operadores financieros que chantajean a un país entero. Pero en este breve artículo la meta se queda en la estructura de legitimación que circunda al capital ficticio –observada a partir de este caso específico– apropiadamente denominada “El Terror Financiero” por los críticos más contundentes.

Se sabe que el Sistema Internacional opera a partir de una lógica esquizofrénica, caótica y al mismo tiempo gira en torno a la búsqueda de consensos. Uno de estos consensos, impuestos y refrendados por un sistema de legitimación, es el del imperativo técnico y econométrico sobre la extracción, producción, distribución y colocación de recursos colectivos. Desde el punto de vista lógico y material, la financierización sin lastre es una alucinación peligrosa y absurda. Esta lógica alucinada de comprometer la condición de bienestar material de toda una sociedad en beneficio de unos pocos conglomerados operando como intermediarios del dinero y las obligaciones estatales, necesita un aparato jurídico-político y mediático a su alrededor para beneficiarse, blindando a la opinión pública mundial ante los elementos más rudimentarios de su crítica.

La red de hierro alrededor de los fondos controlados por ejecutivos (alta gerencia) que siempre están beneficiados por los bonos de productividad, aún cuando las instituciones financieras que ellos controlan se declaren en quiebra, pasa a través del peso desproporcionado dentro de la superpotencia (los Estados Unidos) del poderoso lobby de la “industria financiera”. Cualquier estudio serio observa el crecimiento de los márgenes de lucro de los fondos de inversión de riesgo (hedge founds) , de los bancos de inversión y de su ala más inclinada hacia las prácticas agiotistas, los llamados fondos buitres. La estrategia de usar la fuerza de protección está presente al utilizar una corte local de los EEUU como tribunal apropiado para el ensayo de una maniobra jurídica para enfrentar el acuerdo de compra de títulos argentinos con valores depreciados. Luego que la compra –mal intencionada– pasase al recurso judicial de pedir la totalidad del valor nominal, materializando la condición de fondos buitres que devoran la carroña. En este caso la carroña es la riqueza del pueblo argentino, abriendo además un duro precedente para las otras naciones endeudadas.

El problema no reside sólo en el juicio –en una corte secundaria de Nueva York–  de la riqueza y el compromiso de un país, por más que sean justas las críticas al kitchnerismo y sus pésimas elecciones de doble discurso (nacionalismo discursivo y alianza con las transnacionales en la práctica económica). El problema de fondo está en tolerar la existencia de este tipo de práctica, y de forma casi resignada aceptar sus condiciones como válidas. Una corte de un país no puede juzgar la riqueza de una nación y no aceptar una apelación al contrato de compra, cuyo valor depreciado era algo del saber común entre los vendedores (el Estado argentino) y los compradores (Fondos buitres).

En este caso específico los operadores son piratas como el republicano Paul Elliot Singer (no confundir en nada con un economista brasilero de nombre semejante), su socio Kenneth Dart, la firma por ellos controlada (la Elliot Management, controladora de NML Capital) y todo un enmarañado de personas jurídicas de capitales cruzados y con sede en lugares conocidos como paraísos fiscales (como la NML, que tiene sede en las Islas Caimán). La banda tiene también como componente al fondo Aurelius n (controlado por un ex empleado de Singer, la Blue Angel, Capital Ventures, Capital Markets, Caronte, dentro de otras menores).

El juez estadounidense Thomas Griesa, que está juzgando la acción, apuesta al cansancio y la incomodidad. De jurisdicción municipal y bajo la constante presión de la American Task Force Argentina (ATFA), actúa apoyado por el bombardeo de un lobby que actúa como frente común, teniendo a la cabeza a Robert Shapiro, ex Subsecretario de Comercio para Asuntos Económicos del gobierno de Bill Clinton. De hecho, Griesa actúa como un operador jurídico local –a favor de los fondos buitres– y apostando a la validez de una ley local mundializada. Es como tener un juez amigo y ver su sentencia aplicada a todo el planeta. Ya el “mediador” designado, Daniel Pollack actúa como un prestamista, extorsionando a Argentina y forzando el pago del valor nominal y corregido a los especuladores.

La justicia del caso y la mediación actúan a favor de los fondos buitres

Completa el cuadro de terror el hecho de que la clasificación predeterminada de “default”, de acuerdo con el periodismo económico brasilero y mundial, venga de parte de una comisión compuesta justamente por los bancos de inversión, los fondos de riesgo (hedge founds) y los fondos buitres. Basta consultar la lista de esta composición y del Comité de Determinación de Créditos Derivativos en la dirección web dc.isda.org . Inclusive Elliot Management es parte de ese Comité, uno de los buitres que intenta devorar a Argentina como carroña.

Apenas con citar estos elementos y las instancias decisorias bastaría para deslegitimar la reclamación de los buitres. Para combatirlos el primer paso, además de no adherirse al gobierno kitchner, es desenmascarar el aparato y deslegitimarlo. No podemos imaginar que sea natural que países enteros sean coaccionados y chantajeados por empresas financieras, que nada producen, mediante compromisos e interpenetraciones del aparato del Estado en organismos internacionales, poniendo de rodillas a buena parte de la humanidad. El Terror Financiero necesita ser combatido.

La cúpula del terror financiero global

El Comité de Determinaciones de la Asociación Internacional de Swaps y Derivativos (ISDA, ver el sitio dc.isda.org) equivale a una instancia de clasificación de “riesgos” que determina si un país está en “default” o no. Este organismo fue creado en 2009 para intentar imponer una legitimidad a partir de los propios defraudadores del sistema financiero mundial. El periódico O Globo, en su edición del 1º de agosto de 2014 (pág.24) presenta la información de quienes componen este Comité, sin hacer el contrapunto del pasado reciente de estos conglomerados de la ruleta del capital ficticio. Bastaría consultar en el dominio de esta Comisión, la composición de sus miembros de las Américas y cruzarla con las informaciones difundidas por los grandes medios, para darse cuenta que literalmente, quienes están arbitrando el conflicto son la parte generadora de las quiebras de 2008.

En el hiperlink http://dc.isda.org/about-dc-committees/current-dc-members /#Americas tiene la lista de los miembros con voto en ese Comité. Esta clasificación muestra quien estaría pagando o no sus títulos y compromisos. Veamos quien tiene el don de determinar el “default”. Comencemos con los bancos de inversión Bank ofAmerica N.A.; Barclays Bank plc; BNP Paribas; Citibank, N.A.; CreditSuisseInternational; Deutsche Bank AG; Goldman Sachs International; JPMorgan Chase Bank, N.A.; Morgan Stanley &Co. Internationalplc; Nomura Internationalplc.  Conglomerados semejantes, pero apenas con voto consultivo son: MizuhoSecuritiesCo.,Ltd.; SociétéGénérale.  Ya los votantes que no son bancos de inversión, operando como hedge founds (fondos de riesgo), incluidos los llamados fondos buitres son: BlueMountain Capital Management, LLC; D.E. Shaw &Co.,L.P.; Eaton Vance Management; Elliott Management Corporation; Pacific Investment Management Co., LLC. Un miembro del fondo que no es votante es Citadel, y completa el cuadro de los votos el Ice Clear Credit.

Esto puede ser una sopa de letras para quien no está acostumbrado a leer tales denominaciones, pero para los iniciados esta composición es puro terrorismo financiero. Un bello ejercicio didáctico sería hacer una simple búsqueda con los nombres de estos conglomerados financieros, apenas a través de los medios corporativos. Con facilidad veremos que apenas por el hecho de que los mayores apostadores de la ruleta rusa financiera sean los juzgadores de sus víctimas, el tal Comité ya es escandaloso por su mera existencia. Tal clasificación –si hay o no hay default  o el no cumplimiento de una deuda muchas veces decidida por la justicia–  es una especie de taxonomía contractual. Quien sea clasificado como no pagador, sufre una serie de ataques tales como la venta en masa de títulos (como en el caso de Grecia) y la consecuente fuga de capitales y alza del dólar.

Ya es absurdo suponer que los verdugos puedan juzgar el comportamiento de sus víctimas, y mucho menos tomar esto en serio. Cualquier investigación de delincuencia financiera debe mirar a esta composición como un conjunto de de empresas sospechosas a escala global.


*Bruno Lima Rocha es profesor de Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas.

Lea el texto en el sitio Estratégia & Análise: http://migre.me/l1n70

Publicación Barómetro 14-08-14
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