miércoles, 31 de diciembre de 2014

Renta básica universal o trabajo garantizado - Economía Directa 25-12-2014

Hoy centramos el debate en una de las propuestas más debatidas en los últimos meses, como es la renta básica en sus distintas formulaciones, y el trabajo ga antizado, que se ha formulado desde distintos foros como una alternativa a la renta básica universal. Con José Luis Carretero y Jorge Amar. Conduce Juan Carlos Barba.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Charla: Construyendo una estrategia de salida del capitalismo


Mi charla para el Grupo de Consumo de la CNT de Toledo, el pasado 8 de noviembre. Espero que la disfrutéis.



lunes, 22 de diciembre de 2014

Alternativas revolucionarias a un capitalismo en crisis (por Enric Llopis)


CGT-Valencia celebra las XVI Jornadas Libertarias
Alternativas revolucionarias a un capitalismo en crisis



En una línea puramente keynesiana, la izquierda tradicional (pero no únicamente) plantea como salida a la actual crisis el estímulo a la demanda, el crecimiento económico (mesurado con un indicador tan discutido como el PIB), la creación de empleo y la reactivación del consumo. Pero ¿es posible una vuelta atrás en la historia, a los treinta años “gloriosos” del capitalismo occidental de la posguerra? La otra posibilidad -transformadora, revolucionaria- consiste en promover experiencias autogestionarias y basadas en la asamblea, que desde el origen rompan con el modo de producción capitalista. La dicotomía se ha planteado en la última sesión de las XVI Jornades Llibertàries de CGT-València, titulada “L'Eixida és revolucionària”.

El abogado y escritor José Luis Carretero ha apostado, desde un punto de vista libertario, por la segunda de las opciones. Para ello, ha empezado por considerar algunos errores que se cometen desde el campo libertario y que convierten a veces las alternativas en “cantos de sirena”. En primer lugar, la acción social y política ha de basarse en la pedagogía, es decir, superar la tentación de impartir la “clase magistral” desde la presunta sapiencia del púlpito. Vendría a afirmarse: “Nosotros tenemos toda la verdad desde 1936”. El segundo error consiste en hacer lo contrario: adular a la gente. Pensar que todos los discursos son igual de válidos. Pero “hay que problematizar y establecer el diálogo con las clases populares para destruir el sistema capitalista”.

Desde una perspectiva libertaria, las alternativas hay que construirlas desde la base, no desde las instituciones. Es muy importante la organización, pero también construir experiencias autogestionarias que prefiguren el mundo posible que se reivindica. No sólo actuar a la contra. “Aunque seamos conscientes de que estos proyectos tienen límites dentro de una sociedad capitalista, se trata de aprendizajes y prácticas que sirven para expandir nuestro mundo, y expansionarnos nosotros por el camino”. La diferencia que se pretende no es meramente cuantitativa, también lo es cualitativa. Porque, afirma José Luis Carretero, “el neoliberalismo nos enseña que los individuos somos mera vida líquida que en un momento dado se agregan o no para formar determinadas mayorías”.

En un mundo triturado por la crisis, y con un florecimiento de pequeñas iniciativas autogestionarias, José Luis Carretero recuerda las palabras de Durruti: “Sabemos que no vamos a heredar más que ruinas, porque la burguesía trata de arruinar al mundo en la última fase de su historia. Pero te repito que no nos dan miedo las ruinas, porque llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones. Y ese mundo está creciendo en este instante”. Nos hallamos, según el abogado y escritor, en “una transición que nos llevará a un mundo muy distinto”. Repite verdades que parecen de perogrullo, pero que son la esencia del problema. “Una de las grandes derrotas de la izquierda ha sido la batalla cultural, es decir, que la gente vea como imposible el cambio de sistema”. Y atisba una posible salida al cenagal: “Hemos de estar en la política pero también en la vida, en la cultura, en la poesía y el teatro... Para construir un nuevo arte de vivir que dé sentido a todo lo que hacemos”.

En las XVI Jornadas Libertarias de CGT-Valencia han encontrado un espacio los proyectos que se despliegan en la práctica, a pie de calle. Uno de ellos, muy conocido en los últimos años, es el de la fábrica recuperada Vio.Me de Tesalónica, que tras dos años de lucha empezó a funcionar de manera horizontal y sin empresarios en febrero de 2013. Los trabajadores ocuparon la fábrica, que comenzó a funcionar bajo control obrero. A estos operarios de la antigua Viomijanikí Metaleftikí (metalúrgica), filial del grupo Philkeram Johnson (dedicado a la fabricación de azulejos y materiales de construcción) se les adeuda los salarios. Desde el primer momento los trabajadores de Vio.Me recibieron el apoyo de numerosos movimientos sociales, trabajadores y organizaciones populares de todo el mundo.

Dimitris trabaja en la factoría autogestionada. Explica que anteriormente tenían que trabajar con abundante material químico, por lo que “además de tomar las riendas de la fábrica, tuvimos que hacernos cargo de nuestra salud y preocuparnos por el medio ambiente”. Otra de las diferencias con la empresa capitalista es que antes las materias primas se obtenían del exterior, mientras que ahora Vio.Me se abastece en Grecia. Los trabajadores han cambiado el funcionamiento de la empresa y los modos de producción: fabrican productos de limpieza, detergentes y jabones naturales. “Les dijimos a los jefes: si no podéis vosotros, podemos nosotros. Quedaos en vuestras casas”, explica Dimitris. Además, “vigilamos las 24 horas para que no se nos confisquen por orden judicial los materiales; lo limpiamos todo y producimos con las máquinas que había en la fábrica. Algunas salieron a subasta y las compramos a través del sindicato”, añade.

Las palabras, cuando no son simple charlatanería, empujan a la lucha y la resistencia. Según Dimitris, “hemos de olvidar el yo y convertirlo en nosotros; quien lucha puede ganar o perder, pero quien no lucha ha perdido ya”. La batalla de Vio.Me no se plantea aislada de un contexto. Se integra en la pelea contra la explotación de las minas de oro de Calcídica por una multinacional canadiense, o la quema de basuras en el entorno de los pueblos para el lucro privado. Ahora bien, ¿Cuál fue la reacción de los antiguos propietarios ante la ocupación de la fábrica? Además de incitar a la división entre los trabajadores, “reclutaron a algunos de los antiguos compañeros, esquiroles y chivatos”. Hubo también otros compañeros, explica Dimitris, que no quisieron tomar la vida en sus manos. Pero aquello pasó. En cuanto al futuro, “queremos abrirnos a cooperativas y centros sociales en el extranjero que mostraron un especial interés por nuestros productos, y también a activistas solidarios que nos apoyaron desde el primer momento”.

En Oviedo lleva 12 años funcionando el proyecto autogestionado Cambalache. Surgió en 2002 a partir de estudiantes movilizados contra el Plan Bolonia y que pretendían que no se agotara la lucha. El centro social se emplaza en “una ciudad -Oviedo- completamente derechizada y con una total ausencia de iniciativas autogestionadas”, explica Eduardo Romero, miembro del colectivo. A modo de ejemplo, sólo ha contado con una casa Okupa, “La Madreña”, promovida por el 15-M y desalojada hace unos meses. Cambalache podría parecer por la cantidad y diversidad de iniciativas una suma de proyectos diferentes, pero hay una articulación. Por ejemplo, cuenta con una librería, editorial y distribuidora asociativa (un carrito de ruedas y transporte público). Ha editado títulos como “65% agua”, de Isabel Alba. “La mancha de la raza. Carta a un niño rumano”, de Marco Aime; “Paremos los vuelos. Las deportaciones de inmigrantes y el boicot a Air Europa” (Campaña por el cierre de los CIE), “Mi guerra de España”, de Mika Etchebéhère o “El oro de Salave. Minería, especulación y resistencias” (varios autores).

El colectivo cuenta asimismo con un grupo de consumo agroecológico, en un territorio -Asturias- castigado por la crisis de la minería, la siderurgia y también del mundo rural. Desde el inicio de la década de los 80 del pasado siglo, se ha reducido drásticamente el número de productores de leche. Charlas, teatro, presentaciones de libros, exposiciones, asambleas... “Cambalache no nace como un colectivo con una identidad marcada y cerrada, no nace como un centro social anarquista; hemos construido nuestra identidad sobre la práctica, con la actividad autogestionada más que con etiquetas”, explica Eduardo Romero. Desde primera hora se le dio mucha importancia a la formación, “porque además de activismo, en los movimientos sociales tiene que haber pensamiento crítico”, añade Romero.

Fue precisamente la práctica lo que les llevó a la publicación de diferentes materiales y a impulsar la editorial. En Cambalache se distinguen tres líneas de trabajo transversales. El feminismo, ya que “el patriarcado nos atraviesa y está dentro de cada uno de nosotros”, apunta Eduardo Romero. Por eso se publica anualmente la revista La Madeja”, como material de debate. Otro elemento esencial de la actividad es el grupo de consumo agroecológico, incluido en las luchas por el territorio; por ejemplo, frente a la ocupación de tierras por las grandes infraestructuras. Destaca en este punto la batalla contra la explotación de la minería del oro en el occidente asturiano por parte del capital canadiense, a escasos 100 metros de la costa. La publicación de “El oro de Salave” se entiende, así, como herramienta para el debate y la acción. El tercer eje decisivo es la lucha por los derechos de los migrantes. “Aunque la población migrante en Asturias es baja, la presión contra ella es enorme”, subraya el activista. Por eso el colectivo participa en la denuncia de las redadas racistas, los vuelos de deportación (con las campañas de boicot a Air Europa) y la existencia de los CIE. Recuerda Eduardo Romero el reciente vuelo que ha partido con migrantes deportados a Senegal y Mali. Y al que anteceden redadas racistas.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes

En imatges, últim dia de les XVI Jornades Llibertàries de la CGT a València.
Fotos: Equip Comunicació CGT-PV




Fotos festa: Richi i Font


miércoles, 17 de diciembre de 2014

Fetichismo, pseudo-ecologismo y dinero

Publicado en el blog "Economía para Todos" en la web del Periódico Diagonal.


                Entre los múltiples discursos que, hoy en día, florecen en el mundo alternativo y antagonista, no podemos perder de vista aquellos que, de una manera u otra, ponen la centralidad de lo que sucede, de los devenires de un mundo cada vez más irracional y caótico, en cosas como la energía (los combustibles fósiles) o lo financiero (concretamente, en el dinero  en sus distintas formulaciones).
                No negaremos virtualidad a esos discursos: la realidad de la crisis ecológica y del cuello de botella energético, así como del brutal proceso de financiarización de la economía desplegado en las últimas décadas, no pueden desconocerse. Dinero “fiat”, pico del petróleo, reserva fraccionaria y amalgama inescindible entre banca de inversión y banca comercial son ejes centrales de nuestro tiempo. Los derivados lo inundan todo, y la titulización de activos permite la expansión exponencial de las burbujas; el acceso a los recursos fósiles impregna poderosamente las apuestas geopolíticas esenciales y está, también, en el corazón de la crisis civilizatoria que encaramos.
                Pero, pese al enorme interés de muchas de estas aproximaciones, pensamos que todo ello tiene un origen más profundo que, en algunas, que no en todas,  de estas narrativas acaba desapareciendo de la escena y el análisis, así como de la delineación de las posibles alternativas: la explotación humana.
                Que se nos entienda bien: no queremos con esto decir que el crecimiento ilimitado carezca de virtualidad o importancia central en el presente; o que no sea oportuna la experimentación con monedas sociales o con formas de criptomoneda funcionales a las necesidades de los movimientos sociales. Lo que queremos decir es que no cabe, en modo alguno y pese a lo que se acaba asumiendo en muchos ambientes, un decrecimiento sostenible en el marco del proceso de acumulación del Capital ni una forma monetaria que no acabe siendo “puesta a trabajar” para la especulación mercantil (aun manteniendo su funcionalidad ambivalente y, por tanto, siendo útil para determinadas cosas), en el contexto de la explotación humana.
                En muchos de los discursos a los que nos referimos el colapso ecológico o la deriva financiera acaban convirtiéndose en un dato inconmovible de la realidad. En algo objetivo que no puede ser alcanzado por la actuación humana en modo alguno. Así, “prepararse para el colapso” comporta hacer las cuentas sobre la totalidad de cosas de nuestra vida actual que no podremos mantener en un futuro, pues, al fin y al cabo, para algunos, no existe otra forma de vida (o de abundancia) posible más que la nuestra, la de los juguetes mercantiles. Las  necesidades humanas, trascendentes y a-históricas,  parece decirse, son las que este modo de producción ha ido solventando, y en otra sociedad no capitalista y no industrial no podremos sentir más que una “gran falta”. Pero lo más preocupante es cuando algunos sectores  hablan también  de adaptación al pico de los combustibles fósiles desde la narrativa de los “ajustes” que deberemos hacer “todos”, sin atención alguna  a la realidad de la desigualdad de fondo, a nivel de clase, y de la arquitectura global de un sistema atravesado por múltiples segmentaciones.
No pudiendo imaginar más vida que la nuestra, nos vemos atravesados por la imposibilidad de mantenerla, en vez de atisbar la oportunidad real de “superarla” en la forma de una sociedad más vivible, en la que la sostenibilidad se fundamente, precisamente, en la emancipación de los trabajadores y las trabajadoras de sus ataduras con el proceso de acumulación siempre creciente del Capital y con un pasado de opresiones.
                En su libro “Nuestro Marx”, Néstor Kohan define el fetichismo, como una categoría central de análisis respecto al mundo del Capital:
                “El fetichismo consiste en un proceso social e histórico según el cual se acepta que existe algo “afuera” (de la historia) que no tiene ningún vínculo con el “adentro” (de la historia). El fetichismo implica un dualismo radical, una escisión tajante entre el objeto y el sujeto. Habría un objeto radicalmente externo (categorías y leyes económicas) que no tiene ningún vínculo con los sujetos sociales y sus relaciones recíprocas (relaciones de lucha, de poder y de enfrentamiento, es decir, relaciones atravesadas –según la teoría marxista de la historia- por la lucha de clases)”.
                En este proceso en el que el “fetiche” se autonomiza de su creador:
                “Los objetos adquieren vida propia, se personifican y se transforman en “sujetos”. A su vez, las relaciones entre los seres humanos, los sujetos verdaderos, adquieren autonomía e independencia frente a ellos transformándose en “cosas”(…) Los sujetos se vuelven objetos y los objetos se transforman en sujetos.”
                Pero este proceso de personificación del objeto y reificación del sujeto:
                “no está recluido en ningún insondable pliegue metafísico al interior del “corazón del hombre” ni responde a ninguna “esencia perdida”. Tiene una explicación estrictamente social e histórica”.

                Esta es la clave que permite entender la insuficiencia transformadora de determinados discursos que colocan en la posición de sujetos sociales a realidades materiales como la mercancía dinero o la mercancía energía, mientras reifican totalmente a los sujetos que las producen como mercancías, negándoles toda sustantividad efectiva. En estas narraciones la energía o el dinero “cobran vida”, se “embarazan”, de repente poseen “alma y automovimiento”, mientras las personas reales son objetos ahistóricos que no pueden tener más necesidades, reacciones o anhelos que los que expresan ahora mismo atados a las cadenas del capital. El dinero “nace, cambia, crece y se reproduce”, mientras los seres humanos que lo producen como equivalente general de todas las mercancías, sólo “son siempre los mismos”, “juguetes de las fuerzas económicas esenciales a las que sólo pueden adaptarse”.
                La explotación desaparece del discurso, y así cabe “imaginar” un decrecimiento capitalista (“la emancipación humana no es posible, pero sí adaptar las fuerzas económicas a un consumo menor de energía”) o una forma de dinero que libere, sin intervenir sobre el núcleo de la relación de explotación Capital-Trabajo, a la Humanidad.
                La realidad de estos discursos, que nada tienen que ver, en lo profundo, con el ecologismo consecuentemente anticapitalista de gente como Carlos Taibo, o con la experimentación monetaria asociada a las necesidades de los movimientos sociales que se da en ámbitos como los de los Mercados Sociales o las Cooperativas Integrales, es la de un cántico a los “imprescindibles” reajustes necesarios para intentar salvar al Capital de sus contradicciones ecológicas y financieras, haciendo asumir a las poblaciones, y más concretamente a los trabajadores, que “no es el momento de exigencias”, sino de “contribuir todos” a la supervivencia degradada del mundo social que conocemos.
                Así, por ejemplo, las interminables discusiones sobre la “Tasa de Retorno Energético” mínima para sostener una sociedad, pretenden muchas veces desconocer que la nuestra no  es la  única sociedad factible ni su proceso básico de extracción del plusvalor (que tiñe poderosamente la amplitud de sus necesidades energéticas en un sistema basado en la competencia salvaje entre los individuos y la explotación de unas personas por otras, en el que “quien crece gana”) la única posibilidad pensable para la convivencia. Y que, realmente, subsistente el capitalismo no hay más alternativa que el colapso caótico.
                El corazón de nuestro mundo social no está afincado en la escasez de la mercancía energía, ni en la reproductibilidad exponencial de la mercancía dinero mediante el crédito y la titulización, por muy importantes que sean estos procesos. El problema real, la dinámica esencial que ha terminado por desatar esos procesos anteriormente citados, es la realidad del trabajo enajenado, que necesita esa cantidad irracional de energía y de apuntes contables-moneda para reproducirse de manera ampliada. Y todo ese proceso continuará mientras exista, en el mercado, la mercancía fuerza de trabajo, es decir, el trabajo asalariado.
                Esto pone sobre la mesa la radical importancia de algo que estos discursos tratan muchas veces de adormecer: la lucha de clases. Volvamos a Kohan, para entender que:
                “El fetichismo se renueva, no es acabado, se convierte en un proceso de fetichización reiterado y reproducido (…)Todos estos procesos están abiertos a la disputa, al “tironeo”, a la “paleada”, y a una relación de poder y de fuerzas entre las clases sociales que se renueva periódicamente y en escalas cada vez más ampliadas. (…) Periódicamente, cotidianamente, el capital debe luchar y confrontar para  reproducirse y transformar el trabajo vivo en algo muerto y cristalizado, algo sólido y petrificado, las relaciones interhumanas vivas en relaciones cosificadas, las necesidades humanas en demandas mercantiles (de valor y de dinero).”
                Es en marco de esa confrontación en el que las necesidades humanas se terminan entendiendo necesariamente, por ciertos discursos, como la necesidad de acumulación de mercancías y no de una vida más amplia, rica y creativa. Es ahí donde se pierde vista que, lejos de debatir democráticamente para qué podemos usar la energía disponible desde un punto de vista material (lo que pondría sobre la mesa la necesidad de poner en cuestión la existencia misma del trabajo enajenado) lo que hacen muchos discursos pseudo-ecologistas es presentar a la mercancía energía como algo vivo que puede morir, y a las necesidades humanas de la sociedad mercantil como un dato objetivo y cosificado (lo que envía la discusión al debate sobre la necesidad de “todos” de “apretarse el cinturón”).
                El éxito en nuestros medios de estos discursos pretendidamente novedosos y, sobre todo, supuestamente liberadores, está basado, en definitiva, en el trabajo disruptor del pensamiento antisistémico efectuado por la brutal derrota cultural post-68, y por su total abandono del discurso de clase. Si ya “no existe” clase trabajadora, ya no existe explotación, sino múltiples opresiones, ni tampoco existe horizonte de emancipación del trabajo asalariado que, tozudamente (y pese a todas sus transformaciones objetivas y reales en las últimas décadas) sigue siendo el corazón de la experiencia vital de la mayoría de la población global. Así, sólo cabe plantearse nuestra posición social en la forma de unidades de consumo todas igualmente responsables de la deriva caótica de la formación social en que vivimos y, por tanto, todas empujadas (aunque no igualmente) a seguir trabajando de manera enajenada en una situación de miseria (no sólo en términos de acceso a mercancías materiales) progresivamente acrecentada.
                Desvelar radicalmente el proceso de fetichización que nos hace vulnerables a estas tesis del “Capitalismo sostenible” y de la “financiarización buena” precisa de la recuperación de la idea de que la abolición del salario y la gestión autogestionaria y colectiva de la infraestructura económica, son las únicas salidas que puede hacer factibles y expresables las necesidades humanas que el Capital ha dejado fuera de foco, permitiendo superar el fantasma del “Gran Colapso”. Sólo desde la propiedad colectiva y democrática de los medios de producción, y desde procesos asamblearios y participativos de toma de decisiones sociales, puede generarse el tipo de ser humano capaz de ser sujeto activo y consciente y de tratar a sus producciones como objetos, racionalizando la producción y haciéndola funcional a unas necesidades humanas muy alejadas a las ordenadas por el mundo de la mercancía y el plusvalor, como las de cuidado, afinidad, afectividad, cultura o juego.
                Pero, para llegar a ese punto, recordemos, con Néstor Kohan que:

                “La lucha y el enfrentamiento contra los enemigos, así como la iniciativa política y la influencia sobre los potenciales aliados, jamás se generan de forma automática, sin intervención subjetiva, sin conciencia política. Esta última presupone a su vez toda una experiencia histórica sedimentada y toda una serie de recuperaciones de la tradición acumulada por las generaciones anteriores (hayan ganado o perdido la lucha previa)”.
                Procesos de construcción de conciencia política y de reapropiación (problematizada pero real) de la tradición revolucionaria previa que en nuestro país están todavía por hacer.

                José Luis Carretero Miramar.



               


               

               







lunes, 1 de diciembre de 2014

Participo en las XVI Jornadas Libertarias de CGT «¿Qué mundo queremos construir?», en Valencia

El próximo 19 de diciembre, en Valencia, participo en las XVI Jornadas Libertarias de la CGT, "¿Qué mundo queremos construir?", junto a un representante de la fábrica recuperada griega Vio.Me y a Eduardo Romero, de la Asociación Cambalache. Aquí tenéis el programa completo de las Jornadas:
Exposición “El anarcosindicalismo de la Transición a nuestros días”
Lugar: Octubre Centre de Cultura Contemporània (C/ Sant Ferran, 12)
Lunes 15 diciembre: 
12h: Presentación de las Jornadas y de la Exposición a cargo de José Manuel Muñoz Póliz (Secretario General CGT), José Antonio Picón (Secretario General CGT-València), Rafa Maestre y Cristina Escrivà (Comisarios Exposición)
18h30: Charla-debate “En qué mundo estamos?” con Tasio Urra (Profesor UV), Josefina Juste (Radio Klara y Mujeres Libres) y Eduardo Vicent (Sociólogo, politólogo y camarero). Modera: Puri Eisman (Secretaria Comunicación CGT-PV)
Martes 16 diciembre:
18h30: Charla-debate “Un viaje al pasado para fundamentar el futuro” con Carmen Agulló (Escritora y profesora UV), Rosa Brines (Periodista y miembro de la Comisión Stanbrook) y José Vicente Martí i Boscà (Médico e historiador). Modera: Emilia Moreno (Secretaria General CGT-PV)
Miércoles 17 diciembre:
11h: Proyección película “La Cecilia” de Jean-Louis Comolli, 1975
18h30: Charla-debate “Y nos hurtaron la memoria y la conciencia: La Transición y el movimiento obrero " con José Asensio (CGT-Universitat de València y Coordinador documental “Valentín. La otra Transición”), Rafa Arnal (Escritor y editor) y Francisco Sanchis Ballester (Extrabajador de Macosa y militante de CNT y CGT). Modera: Antonio Pérez Collado (Secretario Acció Social CGT-PV)
Jueves 18 diciembre:
18h30: Charla-debate "En algo nos equivocamos… Decimos no a los valores del capitalismo " con Heleno Saña (Filósofo y escritor), Javier Sánchez-Gil (Jóvenes CGT) y María Alejandra Brito (Asamblea Desempleadas y Precarias CGT-Valencia). Modera: Enric Tarrida (Secretario Formación CGT-Valencia)
21h30: Performance de Cámara Destemplada en Ateneo Libertario “Al Margen” (C/ Palma, 3)
Viernes 19 diciembre:
18h30: Charla-debate "La salida es revolucionaria” con trabajador VIO.ME fábrica griega autogestionada, Eduardo Romero (Asociación Cambalache) y José Luis Carretero (Abogado y escritor). Modera: Emilio Justicia (Militante CGT)
21h30: Fiesta libertaria en el local de CGT. Avda. de Cid, 154-Valencia