viernes, 28 de junio de 2013

Portugal: empieza la cuarta huelga general contra la austeridad en dos años


Me entrevistan en RT en español, sobre las medidas de austeridad en los países periféricos de Europa y la Huelga General en Portugal.
http://actualidad.rt.com/video/actualidad/view/98560-portugal-huelga-austeridad-protesta



jueves, 27 de junio de 2013

Economía Directa: Plebiscito ciudadano

Hoy hablamos sobre el plebiscito ciudadano que ha lanzado la Marea Ciudadana, sobre las recomendaciones del FMI y la Comisión Europea para España y sobre la austeridad haciendo una comparativa a nivel internacional. Con Jaime Garo, José Luis Carretero y Chus Marcano. Conduce Juan Carlos Barba.

http://www.ivoox.com/plebiscito-ciudadano-economia-directa-24-06-2013-audios-mp3_rf_2158064_1.html



martes, 25 de junio de 2013

Hacia el IV Encuentro Internacional "La Economía de los Trabajadores"

Participaré, del 9 al 12 de julio, en el IV Encontro Internacional a Economia dos Trabalhadores, que se celebrará en la Universidad Federal de Paraiba, en Joao Pessoa (Brasil) con la presencia de numerosos expertos internacionales sobre el tema, así como militantes de los movimientos sociales y de las experiencias cooperativas y de las fábricas recuperadas latinoamericanas.

Para más información sobre el Encuentro, podéis ver el siguiente enlace:

http://www.prac.ufpb.br/copac/incubes/pt/index.php/historia/8-historia/23-llamar


viernes, 21 de junio de 2013

Economía Directa: La calle se mueve.

Hoy hablamos sobre las jornadas Alternativas desde Abajo, celebradas el 7 y 8 de junio en Madrid, y sobre los resultados de la encuesta Ahora Tú Decides, recientemente publicados. Con José Luis Carretero y Antonio Rosenthal. Conduce Juan Carlos Barba.



jueves, 13 de junio de 2013

Organizan manifestaciones en España contra la austeridad

Me entrevistan en el canal televisivo internacional RT en español, sobre las movilizaciones contra la Troika en España y Grecia :

http://actualidad.rt.com/video/actualidad/view/97180-espana-protestas-austeridad-crisis


martes, 11 de junio de 2013

El trabajo asalariado

El trabajo no es un problema, y es, además, necesario, porque la transformación de la naturaleza por la actividad humana es imprescindible para la supervivencia de la especie y de los individuos. A este respecto, lo único que ha cambiado es que la enorme productividad desatada por el capitalismo ha llegado a entrar en contradicción con los límites ecológicos y ha configurado un gigantesco mercado de bienes de consumo innecesarios. Quizá ya no hace falta tanto trabajo para reproducir la vida humana. Quizá hay un exceso de actividades antisociales alimentadas por el proceso de acumulación sin fin en que el capitalismo consiste. Pero esa no es la cuestión principal.
El problema esencial –el que genera el mismo proceso de acumulación– de nuestro tiempo no es el trabajo, sino el trabajo asalariado. La relación asimétrica que impone que una persona, sin acceso a los medios de producción, deba vender su fuerza de trabajo a otra, propietaria de los mismos, a cambio de una retribución que ha de permitir –trabajo doméstico no pagado mediante– reproducir esa misma fuerza, para que la rueda pueda seguir girando al día siguiente. La diferencia entre el valor de lo que permite reproducir la fuerza de trabajo y el valor de lo producido se llama plusvalía. Y es un producto específicamente humano que se apropia en exclusividad una de las partes de la relación.

Asalariado

Sustentada esa dinámica esencial –el trabajo asalariado–, el problema se configura como una cuestión relativa a una relación de fuerzas en un momento concreto. Es el escenario de un conflicto: la lucha de clases. Las victorias parciales de una u otra parte le permiten aumentar o disminuir el grado de explotación, modificar los mecanismos por los que se expresa la misma confrontación, desestructurar al adversario. Eso es lo que ha pasado con el mundo laboral en las últimas décadas: la emergencia de un profundo proceso de desestructuración, segmentación y debilitamiento de la clase trabajadora por parte de un empresariado cada vez más triunfante y organizado.
Subcontratas, ETT, contratos tem­­porales, deslocalizaciones, facilitación del despido, flexibilidad absoluta en torno a las condiciones esenciales de trabajo… constituyen mecanismos, conscientemente desarrollados, para enfrentar a los trabajadores entre sí.
La llamada descentralización productiva –lo que otros llaman el postfordismo– no es más que una brutal mutación que transforma un mundo laboral de obreros, con contrato para toda la vida, con un cierto contrapoder sindical y con el salario suficiente para poder hacer frente a los gastos de una familia patriarcal –modelo fordista–, en un magma ultraflexible de posiciones diferenciadas, nadando desde los restos de lo anterior, cada vez más acosados –el llamado core business–, hasta las mil y una formas de la precariedad post­moderna: temporales, subcontratados, en misión, falsos autónomos, con jornada parcial, en formación, etc.

Estructura esencial

Lo que ha explosionado es la idea misma del derecho del trabajo como elemento de racionalización de la relación salarial, como normativa que legitimaba y, al tiempo,limitaba, la explotación inherente a la forma capitalista de trabajar. Ahora estamos ante una mixtura ultraflexible entre la dictadura del Capital en el centro de trabajo y mecanismos de domesticación de la fuerza laboral, como el desempleo de masas y la conformación de “zo­nas grises” entre el derecho social y otros ordenamientos legales –falsos autónomos, prácticas formativas, trabajo migrante, etc.–
¿Deberíamos trabajar tanto? Pro­bablemente no. ¿Deberíamos garantizar un ingreso básico a quienes no pueden acceder a un empleo? Sin duda, sí. Pero no olvidemos que ni la renta básica ni el reparto del empleo serán posibles sin operar seriamente sobre la relación salarial. Sin intentar, organizadamente, influir sobre ella y, si se puede, abolirla. Cómo hacerlo es una pregunta compleja que daría para otro artículo. Lo que está claro es que el de la relación salarial es un espacio decisivo para discutir la estructura esencial de la sociedad.
José Luis Carretero Miramar.



lunes, 3 de junio de 2013

La autogestión, aquí, ahora.


                LA AUTOGESTIÓN, AQUÍ, AHORA.

 (Artículo publicado en el número especial para Feria del Libro de Madrid, de la publicación La Aurora Intermitente).

                La irrupción del Movimiento 15-M y de sus secuelas, al calor de la crisis económica, ha significado también el pistoletazo de salida para toda suerte de procesos de experimentación social y activista, para la generación de un auténtico laboratorio práctico producto de la creatividad popular.

                Prueba de ello son, precisamente, las numerosas experiencias autogestionarias que se han visto alimentadas o, siendo previas, re-vitalizadas,  en los últimos años de relativa efervescencia social.

                La autogestión, como fenómeno de cooperación productiva y de trabajo en común, democráticamente organizado, se presenta como una forma plausible de encarar las peores determinaciones de una crisis económica que ha catapultado las cifras del paro y la pobreza hasta extremos inéditos en las últimas décadas.  Trabajar colectivamente, hacer frente de manera común y desde la igualdad a las necesidades más perentorias, parece ser una perspectiva cada vez más ensayada en las calles de nuestras ciudades y pueblos.

                Podemos partir de proyectos previos, cercanos o no al mundo activista, que se han visto popularizados y renovados en los últimos tiempos, como el del periódico Diagonal, ligado a los movimientos sociales madrileños, o como las ocupaciones de tierras para trabajarlas en común puestas en marcha  por el Sindicato Andaluz de Trabajadores en localidades como Marinaleda o Somontes.

                También podemos mencionar empresas recuperadas (es decir, que fueron colectivizadas y puestas a funcionar en régimen de autogestión por sus propios trabajadores, al ser cerradas por sus antiguos propietarios) como la Barcelonesa Mol Matric; o redes de intercambio, distribución y comercialización de productos ecológicos, fundamentadas en la defensa de la soberanía alimentaria y de la sostenibilidad ambiental, como La Garbancita Ecológica, que agrupa numerosos grupos de consumo y, al menos, 35 agricultores, ganaderos, transformadores de alimentos y artesanos, en la Comunidad de Madrid.

                Precisamente, el tema de la necesaria adaptación a un futuro en el que la expoliación del medio ambiente no podrá continuar como hasta el presente, por haberse alcanzado los límites ecológicos al crecimiento sin fin impuesto por el capitalismo, se ha constituido en un elemento central desde las apuestas que alimentan los fenómenos autogestionarios en la actualidad. No es, por lo tanto, extraño que la perspectiva que alimente muchos de sus proyectos esté basada en una producción ecológica y socialmente responsable, como es el caso de iniciativas como la cooperativa de energía renovable catalana Som Energía o la red de consumo alimentario Bajo el Asfalto está la Huerta! No en vano se le ha denominado a la economía cooperativa y solidaria con el apelativo de “economía solar”, haciendo hincapié en su condición de alternativa de conjunto al vértigo productivista de un capitalismo que, al entender como externalidad ajena a las cuentas de resultados  de las empresas los daños medioambientales, y al expoliar intensivamente, espoleado por la competencia feroz entre sus actores económicos, recursos no renovables, pone en peligro las mismas bases de reproducción de la vida en el planeta.

                Pero es que, además, esta economía cooperativa y autogestionaria, alimentada por la irrupción del 15-M, ha ensayado también soluciones innovadoras e imaginativas a muchos problemas centrales de nuestro tiempo: desde la articulación de un espacio para las finanzas éticas y responsables frente al depredador negocio bancario que nos ha llevado a la crisis, como el conformado por proyectos como Coop 57  (una cooperativa de crédito que alimenta a numerosas entidades sociales en todo el Estado, y en la que cualquiera puede invertir sabiendo, a diferencia de lo que ocurre con las entidades financieras tradicionales, a donde va su dinero y, además, pudiendo participar en dicha decisión); hasta la irrupción de las llamadas Corralas andaluzas (edificios ocupados por grupos de vecinos que han sido previamente desahuciados, que en algún caso han terminado configurándose como cooperativas de vivienda) como mecanismo ideado para garantizar de hecho, ante la pasividad de los poderes públicos, el derecho a la vivienda que, es de suponer, aún nos viene reconocido por la propia Constitución.

                La autogestión, pues, como alternativa, como prefiguración una “otra economía”, de una manera distinta de entender las relaciones productivas y la configuración de los derechos ciudadanos, desde una perspectiva que entiende la democracia más como participación directa de los afectados en las decisiones colectivas, que como delegación en supuestos representantes, realmente puestos al servicio de las grandes oligarquías transnacionales.

                Un alternativa que se quiere global, y que trata de construir sus propios espacios de confluencia, sus propios mercados específicos, donde compartir desde la igualdad y desde el respeto a los criterios de responsabilidad social y ecológica, como el Mercado Social de Madrid, un conglomerado de numerosos proyectos autogestionarios, como la librería Traficantes de Sueños o la empresa de fontanería y calefacción Asgard Solar, impulsado por la Red de Economía  Alternativa y Solidaria (REAS), en cuyo seno se utiliza una moneda propia (el Boniato), y que acaba de animar la Primera Feria de Economía Solidaria de Madrid.

                Alternativas, por otra parte, que no deben ser entendidas, por supuesto, como antitéticas  a la organización de las luchas sociales y la resistencia a los recortes, o a la defensa de los servicios públicos esenciales (eso, sí, socializados en lo posible). Pelear por lo común, practicar lo cooperativo son, en definitiva, formas confluyentes de prefigurar y defender un nuevo tipo de sociedad que tenga a los seres humanos como su centro, y no a la acumulación sin fin de Capital a cualquier precio. Defender lo común, practicar lo colectivo. Producir y resistir, pues. Construyendo desde aquí, desde ahora, un futuro vivible frente al caos desatado por un sistema capitalista en plena senilidad.

                José Luis Carretero Miramar.